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Evangelio del día y comentario – 19 de julio de 2020

Mt 13, 24-43: Déjenlos crecer juntos

16º Ordinario Arsenio (450) Justa y Rufina, mártires (287) Primera lectura: Sab 12, 13.16-19 Tú juzgas con moderación Salmo responsorial: Sal 85, 5-6.9-10.15-16a Segunda lectura: Rom 8, 26-27 El Espíritu intercede con gemidos

Les contó otra parábola: El reino de los cielos es como un hombre que sembró semilla buena en su campo. Y el que sondea los corazones sabe lo que pretende el Espíritu cuando suplica por los consagrados de acuerdo con la voluntad de Dios. 25Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. 26Cuando el tallo brotó y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. 27Fueron entonces los sirvientes y le dijeron al dueño: Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿De dónde le viene la cizaña? 28Les contestó: Un enemigo lo ha hecho. Le dijeron los sirvientes: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? 29Les contestó: No; porque, al arrancarla, van a sacar con ella el trigo. 30Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha. Cuando llegue el momento, diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña, y en atados échenla al fuego; luego recojan el trigo y guárdenlo en mi granero. 31Les contó otra parábola: El reino de los cielos se parece a una semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo. 32Es más pequeña que las demás semillas; pero, cuando crece es más alta que otras hortalizas; se hace un árbol, vienen los pájaros y anidan en sus ramas… 34Todo esto se lo expuso Jesús a la multitud con parábolas; y sin parábolas no les expuso nada. 35Así se cumplió lo que anunció el profeta: Voy a abrir la boca pronunciando parábolas, profiriendo cosas ocultas desde la creación del mundo. 36Después, despidiendo a la multitud, entró en casa. Se le acercaron los discípulos y le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña. 37Él les contestó: El que sembró la semilla buena es el Hijo del Hombre; 38el campo es el mundo; la Buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los súbditos del Maligno; 39el enemigo que la siembra es el Diablo; la cosecha es el fin del mundo; los cosechadores son los ángeles. 40Como se junta la cizaña y se echa al fuego, así sucederá al fin del mundo: 41El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles que recogerán de su reino todos los escándalos y los malhechores; 42y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 43Entonces, en el reino de su Padre, los justos brillarán como el sol. El que tenga oídos que escuche.

Comentario

La primera lectura habla de un Dios poderoso que nos recuerda el texto de la creación, un Padre al cuidado de todos. Es posible decir un Dios poderoso al cuidado de toda la creación, incluidos los seres humanos. Este Dios de misericordia nos da tiempo para el arrepentimiento… el hombre justo debe ser humano, hay que hacerle justicia a la madre tierra. Ya lo decía la encíclica del Papa Francisco Laudato Si´, sobre el cuidado de la casa común: “la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes”. Estas palabras deben renovar nuestro deseo de ser más justos en el cuidado de la tierra. Tiene que tocarnos el corazón y la inteligencia.

En la carta a los Romanos, encontramos consuelo al saber que el Espíritu Santo viene a socorrernos en nuestra debilidad, hemos fallado, hemos cometido errores en la tarea de cuidar y administrar la tierra, nuestra casa común. La hemos explotado sin miramientos.

El capítulo 13 de Mateo habla de las parábo – las de las semillas y, en el texto de hoy, vemos como Jesús dirige esta enseñanza a dos grupos de personas: la gente del pueblo y los discípulos. Seguramente los campesinos que escucharon este relato no tuvieron problema en entenderlo. Es un lenguaje cotidiano para los trabajadores del campo. En medio de su sencillez podrían identifi – car claramente quiénes eran los que representan el mal, aquellos súbditos que intentan dañar lo que Dios ha sembrado; atropellan al pobre llevándolo a la marginación social y lo excluyen de la vida religiosa. Ellos, los campesinos, sabían lo que significaba recoger una buena cosecha y tener que entregarla a los amos de la tierra que habitaban en las ciudades.

San Mateo presenta a Jesús explicando esto mismo a sus discípulos, en privado. Sabemos que esta segunda generación de cristianos a la que Mateo dirige su evangelio convivía con las tensiones entre los grupos religiosos. Es en este contexto que se da la persecución y la expulsión de cualquier grupo religioso al margen de la reli – gión oficial judía, por ello se hace necesario darles a conocer la recompensa de los que se alisten a sembrar la buena semilla de Reino. ¿Existen pro – blemas agrarios en tu comunidad? ¿Qué semillas crecen en tu entorno social? ¿Descubres semillas de cizaña allí? ¿Colaboras en acciones concretas para cuidar la tierra?

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