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Evangelio del día y comentario – 19 de febrero de 2020

Mc 8, 22-26: El ciego veía con claridad

Gaspar de Búfalo (1836) Primera lectura: Sant 1, 19-27 Lleven a la práctica la Palabra Salmo responsorial: Sal 14, 2-3b.3c-4b.5

Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida, le llevaron un ciego y le pidieron que lo tocase. 23Tomando al ciego de la mano, lo sacó a las afueras del pueblo, luego de ponerle saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: ¿Ves algo? 24Y mientras recobraba la vista dijo: Veo hombres; los veo como árboles, pero caminando. 25De nuevo le impuso las manos a los ojos. El ciego afinó la mirada, fue sanado y distinguía todo con claridad. 26Jesús lo envió a casa y le dijo: ¡Ni se te ocurra entrar en el pueblo!.

Comentario

La práctica sanante de Jesús manifiesta el compromiso salvífico con las personas y los lugares. Él no irrumpe arbitrariamente, sino que propone a sus interlocutores en contexto, hacer procesos de discernimiento en libertad como capacidad y actitud vital de percibir y concretar las mayores posibilidades de humanización. La invitación de Jesús de Nazaret, es a salir de la oscuridad mental y estructural en la que se difuminan los caminos e inspiraciones del Reino. Su propuesta mesiánica concentra el respeto por la dignidad de todo ser y comunidad humana que lucha en contra de las injusticias que alienan conciencias, y la liberación de todo sistema político, cultural o religioso que convierta a las personas en súbditos. Discernir al estilo de Jesús presupone caer en la cuenta de las situaciones en que estamos viviendo y cómo las estamos asumiendo, tiene como criterio de orientación y acción el modo fraterno de estar presente y consciente frente al otro, sin imposiciones, discriminaciones o violencias. ¿Discernimos o somos indolentes?

 

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