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Evangelio del día y comentario – 19 de diciembre de 2019

Lc 1, 5-25: Anuncio del nacimiento del Bautista

Nemesio, mártir (250) Primera lectura: Jue 13, 2-7.24-25a Anuncio del nacimiento de Sansón Salmo responsorial: Sal 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17

En tiempo de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías; su mujer era descendiente de Aarón y se llamaba Isabel. 6 Los dos eran rectos a los ojos de Dios y vivían irreprochablemente de acuerdo con los mandatos y preceptos del Señor. 7 No tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos eran de edad avanzada. 8 Una vez que, con los de su grupo, oficiaba ante Dios, 9 según el ritual sacerdotal, le tocó entrar en el santuario para ofrecer incienso… se le apareció un ángel del Señor…: No temas, Zacarías, que tu petición ha sido escuchada, y tu mujer Isabel te dará un hijo, a quien llamarás Juan. 14Te llenará de gozo y alegría y muchos se alegrarán de su nacimiento. 15Será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor. Estará lleno de Espíritu Santo desde el vientre materno 16y convertirá a muchos israelitas al Señor su Dios. 17Irá por delante, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos, a los rebeldes con la sabiduría de los honrados; así preparará para el Señor un pueblo bien dispuesto. 18Zacarías respondió al ángel: ¿Qué garantía me das de eso? Porque yo soy anciano y mi mujer de edad avanzada. 19Le replicó el ángel: Yo soy Gabriel, que sirvo a Dios en su presencia: me ha enviado a hablarte, a darte esta Buena Noticia…

Comentario

En las horas de mayor opresión, cuando todos los caminos parecen cegados, Dios viene en auxilio de su pueblo, aunque lo hace de una manera imperceptible: concede un hijo a una pareja infértil. Con aquel niño, Sansón, el Espíritu de Dios traerá alivio a su pueblo subyugado por los filisteos. El nacimiento de un niño despierta muchos sueños, pero también muchas aprensiones, sobre todo cuando la salud está mermada, crece el desempleo y no hay perspectivas halagüeñas de futuro. Los hijos pertenecen a un proyecto de vida razonable, no a la casualidad. Ellos son los depositarios de nuestras esperanzas e igualmente quienes proseguirán los proyectos de una vida mejor, más humana y equitativa. Abramos la ventana a la esperanza. Abramos los ojos a la vida que Dios hace florecer entre las esterilidades humanas. Dios nos abre las puertas a la esperanza.

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