Publicado el Deja un comentario

Evangelio del día y comentario – 19 de agosto de 2020

Mt 20, 1-16: ¿Tienes envidia porque soy bueno?

Juan Eudes (1680) Primera lectura: Ez 34, 1-11 Yo mismo buscaré mis ovejas Salmo responsorial: Sal 22, 1-6

Enseñó Jesús: El reino de los cielos se parece a un hacendado que salió de mañana a contratar trabajadores para su viña. 2 Cerró trato con ellos en un denario al día y los envió a su viña. 3 Volvió a salir a media mañana… a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. 6 Al caer de la tarde salió, encontró otros que no tenían trabajo y les dijo: ¿Qué hacen aquí ociosos todo el día sin trabajar? 7 Le contestan: Nadie nos ha contratado. Y él les dice: Vayan también ustedes a mi viña. 8 Al anochecer, el dueño de la viña dijo al capataz: Reúne a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. 9 Pasaron los del atardecer y recibieron un denario. 10Cuando llegaron los primeros… también ellos recibieron la misma paga. 11Al recibirlo, se quejaron contra el hacendado: 12Estos últimos han trabajado una hora y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado la fatiga y el calor del día. 13Él contestó a uno de ellos: Amigo, no estoy siendo injusto; ¿no habíamos cerrado trato en un denario? 14Entonces toma lo tuyo y vete. Que yo quiero dar al último lo mismo que a ti. 15¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso? 16Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.

Comentario

A la Iglesia y a la “vida consagrada” les queda grande y bastante complejo entender la propuesta de Jesús en cuanto que es desafiante a las lógicas tradicionales que se instauraron como “normales”. El texto del Evangelio es, como todo lo de Jesús, fuerte y desafiante. Muchas veces se coloca la antigüedad el cargo de poder, los títulos, los ministerios, como norma para calificar y organizar la escala social, eclesial y religiosa. La parábola de hoy destruye, desde la raíz, la lógica de la “posesión” y la “pretensión” al interior de la comunidad de creyentes. Todo es don, todo es gracia, todo es un regalo. Ningún creyente puede ni debe ufanarse por el tiempo, la antigüedad, el cargo, el encargo o el ministerio que realiza. Una de las tentaciones de los que fueron primeros invitados y llamados es que no les agrada que se llame a otros y que se les dé el tratamiento de dignidad que ellos recibieron. Hay que revisar la práctica eclesial de forma permanente para estar en fidelidad a la propuesta de Jesús.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *