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Evangelio del día y comentario – 19 de abril de 2020

Jn 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús

2º Domingo de Pascua Expedito, mártir (303) Primera lectura: Hch 2, 42-47 Los creyentes vivían unidos Salmo responsorial: Sal 117, 2-4.13-15.22-24 Segunda lectura: 1 Pe 1, 3-9 Nos ha hecho nacer de nuevo

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: La paz esté con ustedes. 20Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. 21Jesús repitió: La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes. 22Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. 23A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos. 24Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Él replicó: Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré. 26A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: La paz esté con ustedes. 27Después dice a Tomás: Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. 28Le contestó Tomás: Señor mío y Dios mío. 29Le dice Jesús: Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto. 30Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro. 31Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.

Comentario

Uno de los grandes ideales humanos constatable en todas las épocas de su historia es el de vivir digna y equitativamente, con otros, en grupo y armoniosamente. Se trata de algo inherente a nosotros, de esa necesaria condición relacional, porque solo así nos humanizamos y devenimos imagen de Dios con mayor definición.

En los Hechos, encontramos referencia a ese ideal de vida comunitaria con el sello de Jesús, que los primeros cristianos buscaron hacer realidad en Jerusalén. Los que abrazaban la fe en Jesús muerto y resucitado, dieron un paso decisivo en la búsqueda de que el Reino de Dios se hiciera realidad en su mundo inmediato. Vale tener en cuenta que ese estilo de vida común se verifica en la sociedad judía, es decir, con elementos y disposiciones básicos que proceden del marco social que brinda la alianza con Dios. Se conocen expresiones semejantes en comunidades de medios griegos, latinos y del propio judaísmo, como la esenia, la terapeuta y rasgos de agru – paciones fariseas. Con ese contexto social de fondo es que se impostan los rasgos cristianos.

Lo específicamente cristiano de este estilo de vida estriba en el aprendizaje de las ense – ñanzas apostólicas sobre Jesús, sus recursos eucarísticos y solidarios en torno al pan y en ese impulso escatológico consistente en unirse al Señor en su venida inminente viviendo como Él, alegres y desprendidos de toda posesión en beneficio de los desamparados. Estos rasgos son característicos del Reino de Dios y pueden identificarse en las narraciones evangélicas.

Aunque aquel retrato de vida común no fue sustentable por mucho tiempo, revela el ideal de vida que el evangelio de Jesucristo impulsa para el pueblo de Dios, y para cada generación. Los sis – temas de organización socioeconómica, a lo largo de la historia humana, se han mostrado opresivos y represivos cuando se trata de capitalizar los beneficios para todos y cada uno de los ciudada – nos; ellos se basan no en la equidad sustantiva de una comunidad de vida, sino en el ejercicio avaro del poder que termina siendo destructor de las sociedades y sus bienes, como el documento de Aparecida denuncia repetidamente.

Desde la fe pascual, es preciso reconstruir el tejido comunitario donde prime la moralidad y la ética de Jesús, tanto en el seno familiar y escolar como en el laboral y social. Para generar al hombre nuevo, no basta denunciar los mecanismos del mercado consumista liberal y abusivo que corroen los principios mismos de humanidad. Necesitamos empeñarnos en sembrar con esperanza y constancia redimensio – nando la función de los bienes materiales, pero desde un marco consensual o de alianza por la vida digna y equitativa común, sin excepciones. ¿Qué aspectos de la vida humana requieren ser regenerados desde el seguimiento de Jesús? ¿Qué ejercicios de humanidad deberemos hacer para crecer en la solidaridad fraterna?

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