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Evangelio del día y comentario – 18 de abril de 2021

Lucas 24, 35-48: Cristo resucitó al tercer día

3º de Pascua Catalina Tekakwitha (1680) Hch 3, 13-15.17-19: Mataron al autor de la vida Salmo 4: Haz brillar en nosotros el resplandor de tu rostro 1Jn 2, 1-5a: Él es la víctima de propiciación

En aquel tiempo contaron los discípulos lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 36Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: La paz esté con ustedes. 37Espantados y temblando de miedo, pensaban que era un fantasma. 38Pero él les dijo: ¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué tantas dudas? 39Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean, un fantasma no tiene carne y hueso, como ven que yo tengo. 40Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41Era tal el gozo y el asombro que no acababan de creer. Entonces les dijo: ¿Tienen aquí algo de comer? 42Le ofrecieron un trozo de pescado asado. 43Lo tomó y lo comió en su presencia. 44Después les dijo: Esto es lo que les decía cuando todavía estaba con ustedes: que tenía que cumplirse en mí todo lo escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran la Escritura. 46Y añadió: Así está escrito: que el Mesías tenía que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día; 47que en su nombre se predicaría penitencia y perdón de pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén. 48Ustedes son testigos de todo esto.

Comentario

Este domingo nos encontramos con la segunda parte del episodio de Emaús. Los caminantes de Emaús cuentan la experiencia de encuentro con el Resucitado y el reconocimiento en la fracción del pan. Ellos regresaron presurosos y gozosos a Jerusalén. Han desandado el camino antes marcado por la tristeza, el miedo y el fracaso, ahora encendido por el fuego del amor, la alegría y la esperanza. El coloquio se ve interrumpido por la presencia del Resucitado. A pesar de la historia escuchada todavía la fe sigue a oscuras y siente miedo paralizante. Se confunde con un fantasma, con una vana ilusión, o con ser de ultratumba. Entonces es necesario mostrar las evidencias del cuerpo lacerado.

También el comer juntos se convierte en un signo evidente de la presencia novedosa del Señor. Jesús les ratifica, lo mismo que a los de Emaús, que en Él las Antiguas Escrituras han llegado a su plenitud. La conclusión evidente que se deriva de estos episodios es que la resurrección del Señor es un proceso creciente de toma de conciencia de que Él está vivo. Que su manera de existencia es novedosa e inédita. No es, como queda dicho antes, volver nuevamente a la condición histórica, no es la revivificación de un cadáver. Es un encuentro que se percibe al calor de la Palabra escuchada, meditada y contemplada. Es una vivencia que resulta del convivio, del simposio, del comer juntos, es decir, de compartir la aventura de seguirle a Él. Es tener la plena certeza que allí donde se respira paz, se percibe amor, se experimenta la comunión fraterna y se apuesta por la vida, la dignidad y la justicia, allí está Él.

Lo más importante de todo es que la nueva presencia de Jesús desata un dinamismo de conversión personal y transformación cultural que va haciendo nuevas todas las cosas. Indudablemente, la duda y el escepticismo frente al hecho de la resurrección de Jesús sigue siendo un gran problema para el mundo de la razón, de la lógica, de la técnica y de la ciencia. Pero defender la resurrección de Jesús no puede ser a través de la razón y de la argumentación filosófica-científica. Es por el testimonio vivo, coherente y elocuente de los seguidores del Maestro. No se trata de demostrar la resurrección sino de mostrar al resucitado, y eso solo se logra a través de los signos, los gestos, las actitudes y las acciones impregnadas de resurrección. La Resurrección es comunión. ¿Cómo anunciar hoy la resurrección de Señor en tu familia, en tu trabajo o escuela, en tu ámbito social y cultural?

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