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Evangelio del día y comentario – 17 de septiembre de 2020

Lc 7, 36-50: Sus pecados están perdonados

Roberto Belarmino (1621) Hildegarda de Bingen (1179) Primera lectura: 1Cor 15, 1-11 Esto es lo que predicamos Salmo responsorial: Sal 117, 1-2.16-17.28

En aquel tiempo, un fariseo lo invitó a comer. Jesús entró en casa del fariseo y se sentó a la mesa. 37En esto, una mujer, pecadora pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo, acudió con un frasco de perfume de mirra, 38se colocó detrás, a sus pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra. 39Al verlo, el fariseo que lo había invitado, pensó: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer lo está tocando: una pecadora. 40Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. Contestó: Dilo, maestro. 41Le dijo: Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y otro cincuenta. 42Como no podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos lo amará más? 43Contestó Simón: Supongo que aquél a quien más le perdonó. Le replicó: Has juzgado correctamente. 44Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer?… 47Por eso te digo que se le han perdonado numerosos pecados, por el mucho amor que demostró. Pero al que se le perdona poco, poco amor demuestra. 48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 49Los invitados empezaron a decirse entre sí: ¿Quién es éste que hasta perdona pecados? 50Él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado. Vete en paz.

Comentario

Esta escena resalta a una mujer que encuentra a un hombre capaz de perdonar. Ella intuye que Jesús trasparenta la bondad de Dios y por eso se arriesga a entrar a casa del fariseo para ponerse a sus pies y ser desbordada por ese torrente de amor que trasmite aquel profeta no reconocido por los anfitriones. Jesús sabe dónde está la llaga social y permite que la mujer toque sus pies y de este modo eleva su dignidad de ser humano, porque ella se abrió a la realidad de la salvación ofrecida. Jesús, es el profeta esperado, y en esta escena se cuestiona su misión liberadora. El fariseo ve el mal como un estigma que se debe atacar con toda la fuerza de la ley de Moisés. Sin embargo, Jesús piensa en la fuerza del bien para sanar lo que está dañado, en el bien que tiene poder de purificar y salvar lo que está perdido, lo que está marginado. ¿Estoy entrando en esa dinámica del Reino que acontece?

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