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Evangelio del día y comentario – 17 de octubre de 2019

Lc 11, 47-54: Son cómplices de lo que hicieron sus padres

Ignacio de Antioquía (s. II) Primera lectura: Rom 3, 21-30a Se es justificado por la fe Salmo responsorial: Sal 129, 1-4b. 5-6b

En aquel tiempo el señor exclamó: ¡Ay de ustedes que construyen mausoleos a los profetas a quienes sus propios padres han asesinado! 48Así se convierten en testigos y cómplices de lo que hicieron sus padres; porque ellos los mataron y ustedes construyen los mausoleos. 49Por eso dice la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los matarán y perseguirán. 50Así se pedirá cuenta a esta generación de toda la sangre de profetas derramada desde la creación del mundo: 51desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, asesinado entre el altar y el santuario, sí, les aseguro que a esta generación se le pedirán cuentas de todo esto. 52¡Ay de ustedes, doctores de la ley, que se han quedado con la llave del saber: ustedes no han entrado y se lo impiden a los que quieren entrar! 53Cuando salió de allí, los letrados y los fariseos se pusieron a atacarlo violentamente y a hacerle preguntas malintencionadas. 54Le acosaban para ver si lo atrapaban en alguna palabra salida de su boca.

Comentario

En el tiempo de Jesús, la Ley de Moisés constituía un sistema que atravesaba todas las dimensiones de la vida. Todo era medido a través de la lupa de la Ley, porque solo por medio de su cumplimiento la persona podía hacerse justa ante Dios. Su observancia otorgaba el mérito de la justificación por las obras, como premio, o todo lo contrario, el castigo y la condenación cuando se la transgredía. Los fariseos, maestros de la ley, tienen una gran dificultad y resistencia para comprender la inmensa misericordia de Dios que ama, perdona y llama a los pecadores. Tampoco aceptan que por la fe los pecadores sean restituidos a la justicia y a la salvación. La ley así entendida es incapaz de llevarnos al encuentro con Dios Padre. También hoy, quizá, vivimos inmersos en sistemas y normativas que, de tanto repetirlas, pierden el sentido para el que fueron hechas. ¿Cómo estamos viviendo nuestras responsabilidades, deberes, obligaciones compromisos, exigencias, junto a otros y otras que tienen otros modos de asumirlas y vivirlas?

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