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Evangelio del día y comentario – 17 de noviembre de 2019

Lc 21, 5-19: Con su perseverancia salvarán ustedes sus vidas

33o Ordinario Isabel de Hungría (1231) Primera lectura: Mal 3, 19-20a Los iluminará el sol de justicia Salmo responsorial: Sal 97, 5-9 Segunda lectura: 2Tes 3, 7-12 Quien no trabaja, que no coma

A unos que elogiaban las hermosas piedras del templo y la belleza de su ornamentación Jesús les dijo: 6 Llegará un día en que todo lo que ustedes contemplan será derribado sin dejar piedra sobre piedra. 7 Le preguntaron: Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál es la señal de que está para suceder? 8 Respondió: ¡Cuidado, no se dejen engañar! Porque muchos se presentarán en mi nombre diciendo: Yo soy; ha llegado la hora. No vayan tras ellos. 9 Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se asusten. Primero ha de suceder todo eso; pero el fin no llega en seguida. 10Entonces les dijo: Se alzará pueblo contra pueblo, reino contra reino; 11habrá grandes terremotos, en diversas regiones habrá hambres y pestes, y en el cielo señales grandes y terribles. 12Pero antes de todo eso los detendrán, los perseguirán, los llevarán a las sinagogas y las cárceles, los conducirán ante reyes y magistrados a causa de mi nombre, 13y así tendrán la oportunidad de dar testimonio de mí. 14Háganse el propósito de no preparar su defensa; 15yo les daré una elocuencia y una prudencia que ningún adversario podrá resistir ni refutar. 16Hasta sus padres y hermanos, parientes y amigos los entregarán y algunos de ustedes serán ajusticiados; 17y todos los odiarán a causa de mi nombre. 18Sin embargo no se perderá ni un pelo de su cabeza. 19Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

Comentario

El templo de Jerusalén era símbolo de identidad de los judíos. El primer templo, construido por Salomón había sido destruido por Nabucodonosor en el año 587 a.C y reconstruido en 515 a.C. al regreso del exilio, para restaurar la gloria de Dios en medio de su pueblo. Luego Herodes el Grande lo arregló y amplió durante su reinado (19 a.C.). Y es ese templo magnífico que los discípulos contemplan arrobados. Jesús les dice que aquella obra de arte va a ser destruida completamente. Al ser preguntado sobre el cuándo, Jesús solo indica una serie de acontecimientos más bien apocalípticos: guerras, revueltas, hambre, peste y desastres naturales.

Hoy en día asistimos a muchos de estos acontecimientos: debido al cambio climático, hay cada vez más inundaciones o sequías en distintas partes de planeta y las naciones poderosas se sienten con el derecho de provocar guerras fratricidas en varias partes de la tierra. A consecuencia de esto, hay cada vez más hombres, mujeres y niños que se ven obligados a dejar sus hogares para migrar buscando salvar sus vidas… El hambre y la peste señorean en los campamentos de refugiados… ¿Quiere decir que se acerca el fin del mundo? Eso es lo que muchos predicadores apocalípticos quieren hacernos creer. Cómo discípulos no podemos dejarnos engañar por esos falsos profetas y mesías.

El texto del Evangelio también contiene una advertencia: seguir a Jesús, el verdadero Mesías, es una opción muy peligrosa, pues es ir a contramano de la sociedad actual. No se puede servir a Jesús y al mismo tiempo estar al servicio de los valores de esta sociedad consumista y excluyente. El seguimiento de Jesús es un camino que nos puede llevar a la persecución e incluso al martirio. La advertencia va incluso más allá: hasta nuestra familia, aquellos que creemos nuestros incondicionales, van a ponerse en contra de nosotros. Las pequeñas comunidades que buscan cambiar la situación hacia una sociedad más justa y más humana sufren persecución hasta de sus propios familiares y amigos.

Ante esta situación, Jesús nos dice que no tengamos miedo pues no estamos solos: Él mismo es nuestro defensor. Y según las palabras del profeta Malaquías, a los que respetan su nombre los alumbrará el sol de la justicia. Es una exhortación a la perseverancia y a la confianza. Hoy nos toca preguntarnos: ¿estamos dispuestos a dar testimonio del Resucitado ahí donde nos toca vivir? ¿Estamos al servicio de Dios o del dinero?

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