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Evangelio del día y comentario – 17 de julio de 2020

Mt 12, 1-8: El Hijo del Hombre es señor del sábado

Mártires Carmelitas (1794) Alejo (s. V) Primera lectura: Is 38, 1-6.21-22.7-8 He escuchado tu oración Salmo responsorial: Interleccional Is 38, 10-12d.16

En cierta ocasión, Jesús atravesaba unos campos de trigo en día sábado. Sus discípulos, hambrientos, se pusieron a arrancar espigas y comérselas. 2 Los fariseos le dijeron: Mira, tus discípulos están haciendo en sábado una cosa prohibida. 3 Él les respondió: ¿No han leído lo que hizo David y sus compañeros cuando estaban hambrientos? 4 Entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes. 5 ¿No han leído en la ley que, en el templo y en sábado, los sacerdotes quebrantan el reposo sin incurrir en culpa? 6 Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien mayor que el templo. 7 Si comprendieran lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. 8 Porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado.

Comentario

El evangelio presenta diferentes enfoques del sábado entre los religiosos judíos y el pueblo en Nazaret. Para la gente sencilla, el sábado era un día de descanso total. Los hombres no salían al campo. Las mujeres no cocían el pan. Era un día de descanso para la familia entera. Todos lo esperaban con alegría. El sábado era otro de los rasgos esenciales de la identidad judía, un signo claro de su elección como pueblo de Dios. Profanarlo significaba despreciar la elección y la alianza. Para Jesús, Dios es “el Padre del cielo” que no está ligado a un lugar sagrado ni a un pueblo o a una etnia concretos. No es propiedad de ninguna religión. Dios es de todos. Jesús es señor del sábado. Para la gente pobre el sábado es visto como un respiro querido por Dios. Ellos no están enterados de las discusiones de los escribas respecto a los oficios prohibidos en sábado. El día sagrado era un anticipo de libertad, un respiro querido por Dios. Si comprendieran, no condenarían.

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