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Evangelio del día y comentario – 17 de enero de 2021

Jn 1, 35-42: Vieron donde vivía y se quedaron con él

2a Ordinario Antonio (356) 1Sm 3, 3b10.19: Habla, Señor, que tu siervo escucha Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad 1Cor 6, 13c-15a.17-20: Sus cuerpos son miembros de Cristo

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos. 36Viendo pasar a Jesús, dice: Ahí está el Cordero de Dios. 37Los discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice: ¿Qué buscan? Respondieron: Rabí, que significa maestro, ¿dónde vives? 39Les dice: Vengan y vean. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran las cuatro de la tarde. 40Uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús era Andrés, hermano de Simón Pedro. 41Andrés encuentra primero a su hermano Simón y le dice: Hemos encontrado al Mesías, que traducido significa Cristo. 42Y lo condujo a Jesús. Jesús lo miró y dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan; te llamarás Cefas, que significa Pedro.

Comentario

Juan hace una confesión contundente sobre Jesús de Nazaret. Lo llama “el Cordero de Dios”. Juan, dice el relato, que está con dos de sus discípulos. Estos no tienen nombre en el relato, por eso hay que leer a los dos personajes en perspectiva simbólica. Podemos indicar que en esos dos discípulos de Juan, que siguieron a Jesús, está anclada la vida de los hombres y mujeres que han seguido a Jesús a lo largo de la historia.

Juan mira a Jesús. Lo ve pasar y confiesa la novedad que encarna el Maestro de Nazaret. Juan descubre y anuncia que sólo Jesús es el verdadero “Cordero de Dios”. En el cristianismo es importante la dimensión de “testigo”. Pero para ser testigo es necesario “haber visto”. La palabra persuasiva del Bautista lleva a los discípulos a seguir a Jesús, a ser testigos. Dice el relato que los discípulos de Juan “siguieron a Jesús”.

El “Seguimiento” es la realidad más contundente en la vida cristiana, y para el evangelio de Juan; “el seguimiento” es una palabra clave dentro del vocabulario del cuarto evangelio. Es constitutivo del ser cristiano, lo esencial del cristianismo. ¿Pero qué significa seguir a Jesús? Es llegar a ser como Él y asumir su estilo de vida. Optar por los que Él optó y entrar en conflicto con la institucionalidad, de cualquier índole, como sucedió con Él. El seguimiento también tiene elementos de persecución, violencia y muerte, porque quien sigue a Jesús, busca cotidianamente adherirse a la propuesta liberadora que el “Cordero de Dios” tiene para darle vida a la humanidad. Esa propuesta libertaria, muchas veces está a contramano de la sociedad y la religión de todos los tiempos.

El seguimiento es una realidad seria, muy seria. No tiene nada que ver con aprender doctrinas o practicar devociones. Seguir a Jesús tiene implicaciones existenciales complejas y fuertes. Es llegar a abandonar la lógica del mundo para abrazar la lógica del Reino, del Evangelio, de Dios. Todo bautizado está llamado a “seguir” a Jesús, hasta las últimas consecuencias. El seguimiento es lo que hará posible que el cristianismo sea una verdadera alternativa en el mundo. Y hará posible eso porque al abrazar el seguimiento lo que se hace es asumir la vida misma de Jesús, su palabra, su propuesta, su antilógica. ¿Estamos dispuestos a vivir el seguimiento de Jesús, sabiendo que estos nos acarreará problemas?

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