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Evangelio del día y comentario – 17 de agosto de 2021

Mt 19, 23-30: Para Dios todo es posible

Beatriz de Silva, fundadora (1492) Roque (1378) Jue 6, 11-24a: Gedeón, salva a Israel. ¡Yo te envío! Salmo 84: E Señor anuncia la paz a su pueblo

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24Se los repito, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios. 25Al oírlo, los discípulos quedaron muy espantados y dijeron: Entonces, ¿quién podrá salvarse? 26Jesús los quedó mirando y les dijo: Para los hombres eso es imposible, para Dios todo es posible. 27Entonces Pedro le respondió: Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué será de nosotros? 28Jesús les dijo: Les aseguro que en el mundo nuevo, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 29Y todo aquel que por mí deje casas, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y heredará vida eterna. 30Muchos de los primeros serán los últimos y muchos de los últimos serán los primeros.

Comentario

El pasaje evangélico de este día, desarrolla dos temas: el peligro de las riquezas y la recompensa de quienes se despegan de ella. Para entrar en el Reino, hay que estar libre de las cargas, de los tesoros terrenos. No hay nada más esclavizador que los bienes materiales y peor aún cuando los hacemos indispensables en nuestra vida. El hombre, por sí mismo, se encuentra tan imposibilitado frente a la salvación como el camello que pretendiese pasar por el ojo de una aguja. Semejante libertad frente a las cosas puede ser únicamente don de Dios. La declaración de Pedro confirma que el desapego de las riquezas es un medio eficaz para la renovación de nuestras vidas. Dios no se deja ganar en generosidad. La capacidad de renuncia es, al mismo tiempo, capacidad de recibir y poseer. De este modo, los valores del mundo quedan al revés en el Reino. ¿Estás dispuesto a prescindir, incluso de lo necesario, si así lo pide la Palabra y el bien de tu prójimo?

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