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Evangelio del día y comentario – 16 de octubre de 2019

Lc 11, 42-46: ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley!

M. María de Alacoque (1690) Eduviges (1234) Primera lectura: Rom 2, 1-11 Pagará a cada uno según sus obras Salmo responsorial: Sal 61, 6-7. 9. 13

Exclamó Jesús: ¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de verduras y descuidan la justicia y el amor de Dios! Eso es lo que hay que observar sin descuidar lo otro. 43¡Ay de ustedes, fariseos, que buscan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos por la calle! 44¡Ay de ustedes, porque son como sepulcros sin señalar, que los hombres pisan sin darse cuenta! 45Un doctor de la ley tomó la palabra y le contestó: Maestro, al decir eso, nos ofendes. 46Jesús contestó: ¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, que imponen a los hombres cargas insoportables pero ustedes ni siquiera mueven un dedo para llevarlas!

Comentario

Desde la casa del fariseo, Jesús no da tregua a la confrontación con los fariseos y maestros de la ley, sus más directos opositores. Aquella invitación terminó desenmascarando el proceder de quienes alardeaban de ser celosos guardianes de la ley y de la purificación. El cumplimiento del impuesto de la hierbabuena, la ruda y las verduras, que simbolizan la práctica de los fariseos para quedar bien con las autoridades religiosas, contrasta con el descuido de la justicia y del amor de Dios, que es lo verdaderamente valioso que hay que observar y cuidar. Su rigurosidad y su fanatismo por la ley quedan al desnudo en esta confrontación. La esencia de toda práctica humana, religiosa y social es apuntar a la salvaguarda de la justicia, la igualdad, la fraternidad y el amor de Dios. La situación que vivimos hoy no dista mucho del ambiente social, político y religioso en tiempos de Jesús. Nuestros países están agobiados con leyes insoportables, mientras que la mayoría de quienes las promulgan y promueven nadan en mares de corrupción y de impunidad. A nivel religioso, abundan los ritos externos, pero naufragamos en una religiosidad distante del camino y de la vida que nos enseñó Jesús. ¿Vivo yo de acuerdo a los valores del Evangelio?

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