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Evangelio del día y comentario – 16 de noviembre de 2020

Lc 18, 35-43: ¿Qué quieres que haga por ti?

Margarita de Escocia (1093) Primera lectura: Ap 1, 1-4; 2, 1-5a Conozco tus obras Salmo responsorial: Sal 1, 1-4 y 6

En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. 36Al oír que pasaba la gente, preguntó qué sucedía. 37Le dijeron que pasaba Jesús de Nazaret. 38Él gritó: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí! 39Los que iban delante lo reprendían para que callase. Pero él gritaba más fuerte: Hijo de David, ten piedad de mí. 40Jesús se detuvo y mandó que se lo acercasen. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó: 41¿Qué quieres que te haga? Contestó Jesús: Señor, que recobre la vista. 42Jesús le dijo: Recobra la vista, tu fe te ha salvado. 43Al instante recobró la vista y le seguía glorificando a Dios; y el pueblo, al verlo, alababa a Dios.

Comentario

Jericó era una ciudad elegante, un lugar donde se veían personas con ropas lujosas y perfumes caros. Jesús se aproxima a esta geografía. El ciego del lugar es parecido a la viuda insistente que conocimos al inicio de este mismo capítulo del evangelio. Él también ha tenido que vencer muchos obstáculos para llegar a Jesús. ¿Pero qué quiere este ciego? ¿Acaso quiere limosna? ¿Acaso una miserable ayuda para su indigencia? Así parece, cuando grita Hijo de David, ten compasión de mi. Pero cuando llega ante Jesús algo ha cambiado, porque Jesús no le ofrece limosnas, sino que lo trata como un sujeto, como nadie lo ha tratado quizás nunca. Jesús le habla y le pregunta por su deseo, no por su necesidad. Y aquí el ciego ya no lo llama Hijo de David, sino que lo llama Señor. Se han abierto los ojos de la fe y ahora es un testigo, un discípulo. Y eso quizá sea lo más importante de esta historia. Cuando asistimos a personas necesitadas ¿les preguntamos por sus anhelos?

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