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Evangelio del día y comentario – 16 de julio de 2021

Mt 12, 1-8: El Hijo del Hombre es señor del sábado

Ntra. Sra. del Carmen Éx 11:10–12:14: Matarán un cordero al atardecer Salmo 115: Alzaré el cáliz de salvación invocando el nombre del Señor

En cierta ocasión, Jesús atravesaba unos campos de trigo en día sábado. Sus discípulos, hambrientos, se pusieron a arrancar espigas y comérselas. 2 Los fariseos le dijeron: Mira, tus discípulos están haciendo en sábado una cosa prohibida. 3 Él les respondió: ¿No han leído lo que hizo David y sus compañeros cuando estaban hambrientos? 4 Entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes. 5 ¿No han leído en la ley que, en el templo y en sábado, los sacerdotes quebrantan el reposo sin incurrir en culpa? 6 Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien mayor que el templo. 7 Si comprendieran lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. 8 Porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado.

Comentario

Jesús nos recuerda el valor relativo de las leyes ante la persona humana y sus necesidades. Los fariseos nunca entendieron. Ellos tenían hambre y les importó más el cumplimiento de la ley. Jesús representa lo contrario; demuestra una libertad de espíritu y una valoración de la persona por encima de las leyes. Jesús ofreció en la Eucaristía su cuerpo y su sangre por todos sin distinción, sin legalismos. En el banquete pascual el vino representa la sangre ofrecida para la liberación y el pan es el signo de la fraternidad. Aunque había muchas normas y legalismos en la fiesta de la pascua: el vestido, el modo de cocinar el cordero, la prisa y, por último, una condición de fraternidad, juntos con los vecinos y los que más lo necesitan porque es pan compartido. No se puede negar el pan, es para ser compartido. El hambriento entra en la misma categoría de los pobres y necesitados, a los que obligaba la misericordia. Es una llamada a la conversión y a la misericordia. ¿Defendemos los hambrientos, o defendemos legalismos?

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