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Evangelio del día y comentario – 16 de agosto de 2020

Mt 15, 21-28: Mujer, qué grande es tu fe

20º Ordinario Esteban de Hungría (1038) Primera lectura: Is 56, 1.6-7 A los extranjeros los traeré a mi monte Salmo responsorial: Sal 66, 2-3.5-6.8 Segunda lectura: Rom 11, 13-15.29-32 Todos gozarán la misericordia de Dios

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. 22Una mujer cananea de la zona salió gritando: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es atormentada por un demonio. 23Él no respondió una palabra. Se acercaron los discípulos y le suplicaron. Señor, atiéndela, para que no siga gritando detrás de nosotros. 24Él contestó: ¡He sido enviado solamente a las ovejas perdidas de la Casa de Israel! 25Pero ella se acercó y se postró ante él diciendo: ¡Señor, ayúdame! 26Él respondió: No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos. 27Ella replicó: Es verdad, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños. 28Entonces Jesús le contestó: Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos. Y en aquel momento, su hija quedó sana.

Comentario

Hoy en el mundo se engorda una actitud xenofóbica perversa. La migración crece en todos los escenarios geográficos del planeta, por múltiples factores, haciendo que muchas personas y sociedades acrecienten el odio por que son los diferentes, en especial por los integrantes de otros pueblos. Es urgente frenar todo tipo de odio contra los integrantes de otras etnias generando experiencias más universales y fraternas, a fin de que las personas sean reconocidas en su dignidad y en su vocación de hijos e hijas de Dios. La Iglesia, como Madre y Maestra, está llamada a jugar un papel importante en esa mirada universal novedosa que tienen que hacer los seres humanos hoy. Es interesante que la liturgia de este domingo, presente textos bíblicos que inspiren a los creyentes a asumir, de manera responsable, el respeto fascinante por el diferente. Lo importante es que todo cuanto se realice lleve a la implementación de caminos novedosos en el que “los migrantes”, “los diferentes”, “los otros” sean vinculados a procesos de dignificación.

La propuesta de la salvación Dios la ofrece desde siempre, a todo hombre y mujer, sin distinción. Ya en el Antiguo Testamento, en la teología original de Israel, Dios abre sus brazos para acoger a los extranjeros y los acepta para que también entren por la propuesta de humanidad hecha a todo el género humano. La profecía de Isaías es clave para entender que la universalidad de la salvación está en el horizonte genuino de la fe de Israel. En esa misma perspectiva el salmista lo deja claro en el himno/ cántico que entona. Por ello el responsorio que la asamblea litúrgica proclama en este domingo es contundente: Oh Dios, que todos los pueblos te alaben.

San Pablo, en su carta a los romanos, ratifica que todas las personas y todos los pueblos gozan de la misericordia de Dios. Pablo será clave para que el amor de Dios alcance a pueblos y culturas, que se encontraban excluidos de la salvación. Pero todo este camino de apertura y de novedad hacia el extranjero queda ratificado y clarificado por Jesús de Nazaret, quien con su propuesta de Reino no excluye a nadie. Quien acepta a Jesús como Señor y quien le sigue en el discipulado está llamado a reconocer en toda persona la presencia de Dios y a acoger a todo ser humano como hermano. Por ello no es concebible que un cristiano tenga posturas xenófobas.

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