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Evangelio del día y comentario – 15 de octubre de 2019

Lc 11, 37-41: Den limosna, y lo tendrán limpio todo

Teresa de Ávila (1582) Primera lectura: Rom 1, 16-25 No dieron gloria a Dios Salmo responsorial: Sal 18, 2-5b

 

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo lo invitó a comer en su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. 38El fariseo, que lo vio, se extrañó que no se lavase antes de comer. 39Pero el Señor le dijo: Ustedes los fariseos limpian por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de robos y malicia. 40¡Insensatos! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? 41Den, más bien, como limosna lo que tienen y todo será puro.

Comentario

La Palabra de Dios menciona algunas actitudes que reflejan la complejidad del corazón humano, ese ámbito que llamamos conciencia, donde acontece la tarea de construirnos como seres íntegros abiertos a otros. Sucede que cuando esa conciencia está dividida y disociada produce injusticia, soberbia y engaño. La persona que vive en la superfluidad, el legalismo, la convencionalidad, frecuentemente reproduce y refuerza la misma lógica en su entorno. Surgen así estructuras comunitarias estereotipadas, rígidas y muchas veces injustas. En el mundo de Jesús, los fariseos representan un sector del judaísmo que se siente interpelado por el mensaje de este Mesías que conoce en profundidad los anhelos y motivaciones del obrar humano. Se trata de un sector confrontado por su legalismo e hipocresía, a quienes siempre se les deja abierta la puerta de la misericordia y de la conversión. Jesús acepta la invitación del fariseo: entra a su casa, a su mesa, a su corazón y desde allí lo invita a transformarse desde adentro, a ser auténtico y veraz. ¿Qué me dice hoy este mismo Jesús?

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