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Evangelio del día y comentario – 15 de julio de 2020

Mt 11, 25-27: Gracias, Padre

Buenaventura (1274) Primera lectura: Is 10, 5-7.13-16 ¿Se envanece el hacha contra el leñador? Salmo responsorial: Sal 93, 5-10.14-15

En una ocasión Jesús exclamó: ¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! 26Sí, Padre, ésa ha sido tu elección. 27Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce al Hijo, sino el Padre; nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo.

Comentario

Jesús en un clima íntimo de oración hace una declaración sorprendente de su propia experiencia del Padre y de cómo tener acceso a su presencia en la vida. Al convertir en oración una afirmación así, tan tajante, nos aclara que esa afirmación nace de su propia experiencia profunda sobre Dios. Ha experimentado que la gente sencilla que tiene acceso privilegiado al pensamiento de Dios es el pueblo de Galilea, son las mujeres, los niños, los enfermos, los sin tierra. Los sabios y entendidos ni se enteran de ese proyecto de Dios que acaricia en la historia y que Él llama Reinado de Dios. Pero sobre todo esa gente sencilla es Él mismo, que nacido en la pobreza y viviendo como un itinerante, sin casa propia, y dispuesto a correr la suerte de los inocentes que son llevados a la cruz es ahí, en ese universo humano suyo, donde Dios se ha hecho presente con su rostro increíblemente bello y cercano a las angustias de sus hijos y de sus hijas.

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