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Evangelio del día y comentario – 15 de enero de 2021

Mc 2, 1-12: El Hijo del Hombre puede perdonar pecados

Pablo (342) Heb 4, 1-5.11: Dios descansó el séptimo día Salmo 77: No olviden las acciones de Dios

Volvió Jesús a Cafarnaún y se corrió la voz de que estaba en casa. 2 Se reunieron tantos, que no quedaba espacio ni a la puerta. Y les exponía el mensaje. 3 Llegaron unos llevando un paralítico entre cuatro; 4 y, como no lograban acercárselo, por el gentío, levantaron el techo encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en que yacía el paralítico. 5 Viendo Jesús su fe, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Había allí sentados unos letrados que discurrían en su interior: 7 ¿Cómo puede éste hablar así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 8 Jesús, adivinando lo que pensaban, les dice: ¿Por qué están pensando eso? 9 ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico que se le perdonan los pecados o decirle que cargue con la camilla y comience a caminar? 10Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dice al paralítico: 11yo te lo mando, levántate, carga con la camilla y vete a casa. 12Se levantó de inmediato, cargó su Camilla y salió delante de todos. De modo que todos se asombraron y glorificaban a Dios diciendo: Nunca vimos cosa semejante.

Comentario

No hay nada en esta vida que no pueda ser manipulado, traicionado y pervertido. Nada se escapa a esta realidad ni aquello que creemos lo más santo: Dios. Los seres humanos, a lo largo de la historia, hemos sido capaces de pervertir la idea de Dios. Y las religiones han jugado un papel determinante en esa desfiguración. Jesús muestra el verdadero rostro de Dios y lo desvincula de cualquier situación deshumanizante que puedan padecer las personas o grupos humanos. Jesús indica, con las palabras que pronuncia sobre el paralítico, que su Padre no es el dios de la muerte, la enfermedad y las cadenas deshumanizantes que predican los letrados. Dios es el libertador de toda cadena que paraliza, es el garante y defensor de la vida digna. Dios es el que invita, propone y da la vida en plenitud, pero no sólo como vida eterna, sino primero como vida terrena, en el aquí y en el ahora. Eso fue lo que hizo Jesús con el hombre paralítico que le presentaron.

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