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Evangelio del día y comentario – 15 de diciembre de 2019

Mt 11, 2-11: ¿Eres tú el que ha de venir?

3o de AdvientoMaría de la Rosa, fundadora (1855) Primera lectura: Is 35, 1-6.10 Dios en persona y los salvará Salmo responsorial: Sal 145, 7-10 Segunda lectura: Sant 5, 7-10 Manténganse firmes

Juan oyó hablar en la cárcel de la actividad del Mesías y le envió este mensaje por medio de sus discípulos: 3 ¿Eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otro? 4 Jesús respondió: Vayan a contar a Juan lo que ustedes ven y oyen: 5 los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia; 6 y, ¡feliz el que no tropieza por mi causa! 7 Cuando se fueron, se puso Jesús a hablar de Juan a la multitud: 8 ¿Qué salieron a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre elegantemente vestido? Miren, los que visten elegantemente habitan en los palacios reales. 9 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Les digo que sí, y más que profeta. 10A este se refiere lo que está escrito: Mira, yo envío por delante a mi mensajero para que te prepare el camino. 11Les aseguro, de los nacidos de mujer no ha surgido aún alguien mayor que Juan el Bautista. Y sin embargo, el último en el reino de los cielos es mayor que él.

Comentario

La esperanza tiene sentido si aquello por lo que se espera habrá de producir contento y alegría al alcanzarlo. El gozo o disfrute depende en gran medida de lo que se valora. No todos disfrutamos por igual de los mismos bienes, pero hay bienes que son comunes y que hay que trabajar para que se vuelvan realidad; trabajar en la esperanza. En esto consiste el tiempo litúrgico del adviento.

En la lectura de Isaías escuchamos el anuncio de unas condiciones naturales de ensueño en las fronteras del norte, allí donde la amenaza para el país, y la propia ciudad, era permanente. Por eso el grito profético a cobrar ánimo, a no desfallecer, a no amilanarse ante la desoladora situación que asfixia a todos. Nada de abatimiento ni cobardías. Levanten el ánimo, porque, de ser así, anuncia el profeta, todos “verán la gloria” de Dios. La esperanza de la salvación anima a trabajar por el retorno de los deportados al país; entonces, brotarán canciones y habrá fiesta en todo el pueblo. Trabajar la esperanza es apelar a la fe para doblegar las adversidades. En el Evangelio, por su cuenta, la esperada salvación se mira como una realidad presente en Jesús de Nazaret. San Mateo la describe con trazos de Isaías, para que sus oyentes entiendan que Jesús es la salud que Dios ha enviado para favorecer a los relegados; es como si el Evangelista desplegara un programa social para sus oyentes. En la perspectiva bíblica y por su cuenta, Santiago acicatea a trabajar con paciencia en la esperanza de la venida del Señor, la segunda, para superar los sufrimientos actuales que le vienen al creyente por su fe en Cristo.

La esperanza cristiana, cabe aclarar, no consiste en trasponer al más allá la solución a las penalidades del aquí y ahora. Más bien, trabajar en la esperanza consiste en empeñarse por vencer los infortunios presentes, con la certeza de la alegría festiva de la salvación que Dios nos ha aportado en Cristo Jesús. Él es el ancla de nuestra alegre esperanza. En la liturgia celebramos la salvación que nos aporta ya, al tiempo que trabajamos por los bienes que alegren a los más desfavorecidos, “hasta que los pobres reciban la Buena Nueva”

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