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Evangelio del día y comentario – 15 de agosto de 2021

Lc 1, 39-56: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí

Asunción de la Virgen María Ap 11, 19a; 12, 1.3-6a.10: Vi una mujer vestida del sol Salmo 44: De pie a tu derecha está la reina 1Cor 15, 20-27a: Primero Cristo como primicia

En aquel tiempo María se levantó y se dirigió apresuradamente a la serranía, a un pueblo de Judea. 40Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel, llena de Espíritu Santo, 42exclamó con voz fuerte: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. 43¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi vientre. 45¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció. 46María dijo: Mi alma canta la grandeza del Señor, 47mi espíritu festeja a Dios mi salvador, 48porque se ha fijado en la humillación de su esclava y en adelante me felicitarán todas las generaciones. 49Porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí, su nombre es santo. 50Su misericordia con sus fieles se extiende de generación en generación. 51Despliega la fuerza de su brazo, dispersa a los soberbios en sus planes, 52derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes, 53colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. 54Socorre a Israel, su siervo, recordando la lealtad, 55prometida a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. 56María se quedó con ella tres meses y después se volvió a casa.

Comentario

Este domingo la Iglesia Universal celebra la Asunción de María (otros le llaman la Dormición). Recordamos el privilegio concedido a la Virgen María Inmaculada, quien al terminar su vida terrenal es glorificada en cuerpo y alma no teniendo que esperar la resurrección final. Celebramos, por ello, la Pascua de María. Hoy proclamamos que Cristo nos salva con su resurrección, y María, con su Asunción, inicia el camino que lleva al encuentro definitivo con Él. “María, signo de esperanza cierta y de consuelo para el pueblo peregrinante de Dios” (LG).

El Evangelio presenta la historia amorosa de Dios con su Pueblo. María, fiel discípula del Señor, sale apresuradamente al encuentro de su prima para apoyarla en su primer embarazo, a quién llamaban estéril. Este encuentro, con la fuerza del Espíritu Santo, suscita un canto donde María proclama la grandeza del Señor y su plan de salvación. María sueña con un mundo que debe transformar sus criterios y valores como la soberbia, el poder y la avaricia; para enaltecer a los humildes, exaltar a los serviciales y saciar a los hambrientos. Dios se ha hecho presente en el mundo a través de su Hijo para restaurar a la humanidad en el camino de la salvación.

La Carta a los Corintios que escuchamos hoy, nos consuela al saber que nuestras luchas cotidianas por la paz, la justicia, la verdad y el amor tendrán un buen final pues el orden del mundo antiguo, “todo principado, autoridad y poder” será derrotado, incluida, finalmente, la muerte. En María, asunta al cielo, celebramos esta realidad.

El libro del Apocalipsis nos entrega un mensaje lleno de esperanza ante la tribulación y los problemas cotidianos. Presenta a la Iglesia fiel en esa mujer a punto de dar a luz, que después se identifica con María. Ella es la verdadera arca de la alianza y la mujer vestida de sol. María está así, en el cielo, con su plenitud de ser humano y signo de la nueva alianza. Ella también es hija de Abraham. Así, en este encuentro entre el Antiguo Testamento, Isabel y Juan, y el Nuevo Testamento, María y Jesús, se une la espera con la realización y, al mismo tiempo, se manifiesta la predilección histórica del Señor de Abraham y de María por los pobres de todos los tiempos. Esta solemnidad presenta a María como ese ser humano que ha alcanzado la plenitud. Ella nos invita a caminar haciendo Reino de Dios. ¿Cómo demuestras diariamente tu fe y esperanza en la resurrección?

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