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Evangelio del día y comentario – 15 de abril de 2020

Lc 24, 13-35: Lo reconocieron al partir el pan

En octava de Pascua Telmo (1240) Primera lectura: Hch 3, 1-10 En nombre de Jesucristo, camina Salmo responsorial: Sal 104, 1-4.6-9

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día a un pequeño pueblo llamado Emaús, que está a unos diez kilómetros de Jerusalén. 14En el camino conversaban sobre todo lo sucedido. 15Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. 16Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo… 28Se acercaban al pueblo adonde se dirigían, y él hizo ademán de seguir adelante. 29Pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día se acaba. Entró para quedarse con ellos; 30y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. 31Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 32Se dijeron uno al otro: ¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura? 33Se levantaron al instante, volvieron a Jerusalén y encontraron a los Once con los demás compañeros, 34que afirmaban: Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. 35 Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Comentario

Pedro y Juan son discípulos de Jesús. Ellos no se esconden detrás de un muro de recogimiento intimista, sino que ponen sus talentos al servicio de los más necesitados. Pedro y Juan no han desaparecido. En muchos lugares se constata la caridad cristiana en forma de dispensarios médicos y hospitales, apoyos a vivienda, refugios a migrantes, víctimas de la violencia y desamparados, distribución de ropa y comida, orfelinatos y asilos, escuelas y becas, apoyos psicológicos, consejerías, y un largo etcétera. Este enorme esfuerzo institucional, sin embargo, no debe exentarnos del contacto personal con el prójimo que sufre. Sin esta cercanía la fe terminará estéril. Abramos los ojos. En el barrio, en la plaza, en el vecindario hay gente paralizada por enfermedades, incapacidades y taras que requieren una voz poderosa y una mano caritativa para salir de su postración. El discípulo de Jesús vive con y para los demás, sobre todo, entre los pobres y los menos favorecidos. ¿Con quiénes caminamos? ¿A quién podemos ayudar a levantarse y caminar?

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