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Evangelio del día y comentario – 14 de septiembre de 2019

Jn 3, 13-17: El Hijo del hombre será elevado

Exaltación de la S. Cruz Primera lectura: Nm 21, 4-9 Los mordidos de serpiente sanarán Salmo responsorial: Sal 77, 1-2. 34-38 Segunda lectura: Flp 2, 6-11 Dios le levantó sobre todo

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo: el Hijo del Hombre. 14Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre, 15para que quien crea en él tenga vida eterna. 16Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna. 17Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.

Comentario

La serpiente tiene mala fama en la tradición judeocristiana pues una de ellas tentó a los primeros padres en el paraíso y, por su causa, se destapó la caja de Pandora. En el libro de Números, se repite un esquema narrativo en cinco momentos: necesidad o penuria, murmuración del pueblo, queja de Moisés, castigo divino, arrepentimiento del pueblo y salvación. A este esquema se ajusta el episodio de hoy, la serpiente de bronce, que es una serpiente por la que Dios sana. Hay una pedagogía: en el castigo, Dios provee el memorial de la salvación. Para que la memoria del pecado sea salutífera ha de ser un ingrediente del proceso de sanación. Sin un proceso, el recuerdo daña y puede tener efectos muy negativos. Es preciso desactivar el poder dañino de la falta cometida, sea la que sea. Solo el perdón lo consigue. Pero es un proceso que inicia con el reconocimiento del malestar de la persona y con la identificación y análisis de las causas que lo provocan. Solo entonces cabe el perdón y la reconciliación.

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