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Evangelio del día y comentario – 14 de noviembre de 2020

Lc 18, 1-8: Dios hará justicia a sus elegidos

Gertrudis (1302) Primera lectura: 3Jn 5-8 Debemos sostener a los hermanos Salmo responsorial: Sal 111, 1-2.3-4.5-6

En aquel tiempo, para inculcarles que hace falta orar siempre sin cansarse, Jesús les contó una parábola: 2 Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. 3 Había en la misma ciudad una viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi rival. 4 Por un tiempo se negó, pero más tarde se dijo: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, 5 como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, así no seguirá molestándome. 6 El Señor añadió: Fíjense en lo que dice el juez injusto; 7 y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? 8 Les digo que inmediatamente les hará justicia. Sólo que, cuando llegue el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?

Comentario

La parábola del juez que vivía en una ciudad sin nombre, con un sistema en el que la justicia rara vez llegaba a las personas excluidas, no tiene nada de raro. Lo insólito de la parábola es que ese juez anónimo, sin familia, ahora vive como enemigo acérrimo del Dios que imparte justicia. El juez no puede representar a Dios, porque la función del juez era temer a Yahvé (2Cr 19, 6-7). La viuda es la misma imagen del Dios que clama y demanda justicia. Hazme justicia de mi adversario no es solo el grito de la viuda de nuestra parábola, sino que esta demanda se ha convertido en el grito eterno de todas las personas que claman día y noche al Dios de la justicia. Este es el grito de millones y millones de personas que alrededor del mundo recurren una vez más al Dios de la justicia. Ante tantos jueces inicuos y sistemas injustos, es necesario clamar a Dios como la viuda y hacer que la justicia se realice.

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