Publicado el Deja un comentario

Evangelio del día y comentario – 14 de junio de 2020

Jn 6, 51-58: Mi carne es verdadera comida

Cuerpo y Sangre de Cristo Anastasio, Digna y Félix (s. IX) Primera lectura: Dt 8, 2-3.14b-16a Te alimentó con el maná Salmo responsorial: Sal 147, 12-15.19-20 Segunda lectura: 1Cor 10, 16-17 Compartimos la misma fe

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne. 52Los judíos se pusieron a discutir: ¿Cómo puede éste darnos de comer su carne? 53Les contestó Jesús: Les aseguro que si no comen la carne y beben la sangre del Hijo del Hombre, no tendrán vida en ustedes. 54Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. 55Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. 56Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. 58Éste es el pan bajado del cielo y no es como el que comieron sus padres, y murieron. Quien come este pan vivirá siempre.

Comentario

Nuestro mundo ha sobrevalorado más que nunca el poder y el tener en orden a un acaparamiento excesivo. Las ideologías del mercado en la actualidad agudizan esto más, en la que prevalece el individualismo por encima de todo y de todos. En consecuencia, se genera así un mundo egoísta que no se inmuta por la miseria de muchos, la desigualdad, ni mucho menos se deja interpelar por las injusticias. En este contexto, se celebra la Eucaristía, signo del amor de Dios y de la fraternidad solidaria.

La liturgia que hoy celebramos tiene que ver con el cuerpo y sangre de Cristo. Para ello, la Palabra de Dios indica que Jesús es el Dios que da de comer a su pueblo como lo hizo Moisés en el desierto, con la diferencia de que su pan no es perecedero, sino que es un pan que trae vida eterna. En el trasfondo de este texto, es necesario comprender que Jesús no es solamente el alimento, Él es el anfitrión y se da a sí mismo como comida. Dentro de la Eucaristía; en el marco de este signo salvífico, Jesús se hace ofrenda, se hace don para un mundo que vive las consecuencias de su egoísmo; es en la Eucaristía donde se hace don actuante quien se ha entregado por la humanidad. Sus palabras y sus acciones en la última cena simbolizan su acción profética y liberadora en la que se hace ofrenda a través de su entrega.

En este sentido, recordar la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo es asumir que este Jesús es ofrenda, se hace pan como signo de ofrecimiento de la alianza nueva y del Reino de Dios, al mismo tiempo, con este signo se simboliza la entrega de la vida misma y la persona de Jesús. En consecuencia, con este gesto la existencia histórica de Jesús es una síntesis; sus palabras, sus ideales, sus acciones son todas una oblación: un ofrendar ofrendándose. “Jesús pan de vida”, es lo mismo que decir que toda su vida es Eucaristía: oblación total por la humanidad. De este modo, no queda más opción que vivir la Eucaristía como signo de amor y de entrega total por la humanidad al ejemplo de Jesús. Sólo así esta mesa de la “fracción del pan” se constituye como antídoto del egoísmo que nos carcome. Así entonces, como discípulos de Jesús: ¿estamos dispuestos a comulgar con este plan?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *