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Evangelio del día y comentario – 14 de julio de 2021

Mt 11, 25-27: Gracias, Padre

Camilo de Lelis, fundador (1614) Francisco Solano (1610) Éx 3, 1-6.9-12: El ángel se apareció Salmo 102: El Señor es compasivo y misericordioso

En una ocasión Jesús exclamó: ¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! 26Sí, Padre, esa ha sido tu elección. 27Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce al Hijo, sino el Padre; nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo.

Comentario

Los discursos de Jesús no fueron en las escuelas de Israel, en el templo o frente los grandes maestros, sino en las casas, en los caminos, al lado de los sencillos y pobres. Porque Dios no se fija en títulos y honores, en sabios y entendidos para revelarse sino solo a los sencillos del mundo. Lo mismo le sucede a Moisés, Dios mismo se le revela en la sencillez de la zarza. Ahí, en medio del desierto y en la soledad de la vida pastoril, no en la urbe de las grandes transnacionales, se gestará el proyecto de la liberación de la esclavitud en el que Dios mismo actuará. Moisés no huye de la misión, se compromete y ofrece lo mejor que puede dar. Cómo se nos parece a los grandes hombres y mujeres, a monseñor Romero, que en lugar de huir de las amenazas, se metió de lleno a ofrecer su vida como ofrenda. ¿Contemplando a Dios en la zarza ardiente, cómo nos comprometemos con su obra en favor de los pobres y sencillos?

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