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Evangelio del día y comentario – 14 de abril de 2021

Jn 3, 16-21: Dios mandó a su Hijo

Liduvina (1433) Hch 5, 17-26: Los encarcelados están en el templo Salmo 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna. 17Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. 18El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios. 19El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Y es que sus acciones eran malas. 20Quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para que no delate sus acciones. 21En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz para que se vea claramente que todo lo hace de acuerdo con la voluntad de Dios.

Comentario

En el diálogo entre Jesús y Nicodemo nos encontramos con este pasaje que parece fundamental en todo el evangelio de Juan: el amor. Dios se revela plenamente como amor que ha sido desbordado en la humanización de su Hijo Jesús. Y es un amor que se hace salvífico, liberador, humanizador y dignificador del ser humano, de todos los seres humanos. Como dice el teólogo Hans Urs von Balthasar: creer es sólo amar, y nada puede y debe ser creído sino el amor, porque “solo el amor es digno de fe”. En consecuencia, Dios nos salva por puro amor y el amor es absoluta gratuidad, entrega, donación y despojo. Es lo que se nos ha revelado en Cristo Jesús. Y solo el amor se constituye en criterio de juicio: “cuánto” has amado será la pregunta final como dice Juan de la Cruz: “a la tarde te examinarán en el amor”. ¿Cómo vives tu experiencia de amor fraterno, solidario, compasivo en tu familia, en tu trabajo o en tu Iglesia?

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