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Evangelio del día y comentario – 13 de septiembre de 2020

Mt 18, 21-35: Perdona hasta setenta veces siete

24º Ordinario Juan Crisóstomo (407) Primera lectura: Eclo 27, 33–28, 7 Perdona la ofensa de tu prójimo Salmo responsorial: Sal 102, 1-4.9-12 Segunda lectura: Rom 14, 7-9 En la vida y en la muerte somos del Señor

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces? 22Le contestó Jesús: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23Por eso, el reino de los cielos se parece a un rey que decidió ajustar cuentas con sus sirvientes. 24Ni bien comenzó, le presentaron uno que le adeudaba diez mil monedas de oro. 25Como no tenía con qué pagar, mandó el rey que vendieran a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones para pagar la deuda. 26El sirviente se arrodilló ante él suplicándole: ¡Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré! 27Compadecido de aquel sirviente, el rey lo dejó ir y le perdonó la deuda. 28Al salir, aquel sirviente tropezó con un compañero que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y mientras lo ahogaba le decía: ¡Págame lo que me debes! 29Cayendo a sus pies, el compañero le suplicaba: ¡Ten paciencia conmigo y te lo pagaré! 30Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. 31Al ver lo sucedido, los otros sirvientes se sintieron muy mal y fueron a contarle al rey todo lo sucedido. 32Entonces el rey lo llamó y le dijo: ¡Sirviente malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo suplicaste! 33¿No tenías tú que tener compasión de tu compañero como yo la tuve de ti? 34E indignado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 35Así los tratará mi Padre del cielo si no perdonan de corazón a sus hermanos.

Comentario

La liturgia tiene, sin lugar a dudas, un tema predominante: el perdón. Y cuántas veces sucede que, humanamente, no encontramos razones para perdonar. Sin embargo, lo cierto es que el perdón es una necesidad humana y antropológica que tarde o temprano tendremos que brindar o que solicitar.

El texto de la primera lectura desarrolla con más detalle algunos preceptos que ya se encontraban en el Levítico y Éxodo sobre la venganza y el perdón. La línea dominante en el Antiguo Testamento es sin duda el poder de Dios pues del vengativo se vengará Dios. El tener presente la muerte frena la ira del vengativo, ya que relativiza su paso por este mundo y lo sitúa en la actitud de pasajero y ambulante. Corta es la vida para pasarla en venganzas y afrentas. El perdón ha de ser un rasgo distintivo en el pueblo que ha hecho alianza con el Dios de la vida y para que el pueblo viva.

El evangelio de Mateo nos sugiere algo que durante toda la enseñanza de Jesús es una constante: El Reino de Dios se parece, se asemeja a un rey que quiere ajustar cuentas y en su dinámica interna se propone un lenguaje que es propio del corazón humano cuando aprende a reconocer sus miserias. El reconocimiento de nuestras debilidades nos capacita para ver con otros ojos los errores de los demás y saber que nosotros también somos propensos a esas y peores miserias. Un refrán popular nos hace descubrir la dimensión de esta realidad humana: “no digas de esa agua no he de beber, porque al rato te bebes el barril”; por esta razón el evangelio nos remite al deudor que no supo tener compasión de su hermano que le debía poco e hizo justicia por su propia mano, desafiando la justicia de Dios que es el único juez que la ejerce con misericordia.

Mateo deja muy claro que la justicia de Dios para con el deudor ingrato se basa en que no supo reconocer los errores de los demás y sólo se centró en su egoísmo idolátrico implacable ante las debilidades y deudas de sus hermanos. Por eso fue llevado a rendir cuentas hasta que pagara su deuda. El mismo que habiendo recibido misericordia no supo reproducir este maravilloso regalo para con quien le imploraba comprensión. Termina el texto con aquella sentencia edificante: “lo mismo hará mi Padre con aquellos que no hagan misericordia perdonando de corazón”. ¿Es la misericordia un criterio fundamental en tu comunidad ante la solución de conflictos y manejo de afrentas?

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