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Evangelio del día y comentario – 13 de octubre de 2019

Lc 17, 11-19: El samaritano volvió agradecido

28o Ordinario Rómulo de Génova (s. V) Primera lectura: 2Re 5, 10.14-17 Volvió Naamán y alabó al Señor Salmo responsorial: Sal 97, 1-4 Segunda lectura: 2Tim 2, 8-13 Si perseveramos, reinaremos con Cristo

En aquel tiempo, yendo Jesús de camino hacia Jerusalén, atravesaba Galilea y Samaria. 12Al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a cierta distancia 13y alzando la voz, dijeron: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. 14Al verlos, les dijo: Vayan a presentarse a los sacerdotes. Mientras iban, quedaron sanos. 15Uno de ellos, viéndose sano, volvió glorificando a Dios en voz alta, 16y cayó a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Era samaritano. 17Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No recobraron la salud los diez? 18¿Ninguno volvió a dar gloria a Dios, sino este extranjero? 19Y le dijo: Ponte de pié y vete, tu fe te ha salvado.

Comentario

Hoy, la Palabra nos invita a descubrir la bondad gratuita y generosa de Dios obrando con poder más allá de los límites de cualquier barrera humana: sea jurídica, social, cultural o religiosa. Porque ser extranjero, ser samaritano, sufrir de lepra o estar en la cárcel son situaciones que en el mundo de la Biblia ordenan las relaciones dentro de la comunidad y definen las condiciones de las personas, delimitando sus capacidades y oportunidades. Situaciones que además al estar regidas por un dispositivo jurídico, social o religioso, no pueden ser modificadas por la persona misma que la padece, ni por la comunidad. Ante ellas, solo Dios puede ofrecer una alternativa.

Es importante notar que la gracia que transforma esas situaciones llega por medio del encuentro con un hombre de Dios: el profeta Eliseo en el primer caso, y el mismo Jesús en el segundo. Sin tener obligación alguna frente a la situación, sin embargo, ellos se disponen a ser canal para que la salvación llegue al otro. Su acercamiento rompe el círculo y hace posible una salida. Esa actitud constituye un dispositivo liberador, puente y canal para que actúe mediante ellos la gracia salvadora de Dios. Y solo esa liberación hace surgir una nueva criatura, quien será capaz de agradecer a quien se hizo solidario en la carencia y será capaz de glorificar y reconocer el don de Dios. Solo quien ha sido alcanzado por esa liberación podrá convertirse en agente de liberación para otros.

Los leprosos del relato fueron sanados y quedaron redimidos ante la ley religiosa que los segregaba. Pero solo uno de ellos, el extranjero samaritano, regresó para agradecer a Jesús y glorificar a Dios. Solamente de él se dice que fue “salvado por su fe”. Los otros nueve fueron sanados pero no se dice que haya llegado la salvación a ellos. Hay en eso una gran diferencia: la que existe entre vivir en el dispositivo de la ley o vivir en el dispositivo de la gracia. El samaritano ha experimentado esta inmensa diferencia. En las últimas palabras de Jesús hay un gran reconocimiento a la fe del samaritano que lo transformó en una nueva criatura libre y salva. Y nosotros ¿somos capaces de tener actitudes de criaturas libres que viven desde la gracia, superando el mero cumplimiento de leyes, preceptos y normas? ¿Somos capaces, como nuevas criaturas, de hacernos puente y canal para que otros alcancen la salvación?

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