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Evangelio del día y comentario – 13 de junio de 2021

Mc 4, 26-34: El Reino es como una semilla de mostaza

11º Ordinario Antonio de Padua (1231) Ez 17, 22-24: Ensalcé un árbol humilde Salmo 91: Es bueno dar gracias al Señor 2Cor 5, 6-10: Nuestro único deseo es agradar a Dios

En aquel tiempo decía Jesús a la muchedumbre: El reino de Dios es como un hombre que sembró un campo: 27de noche se acuesta, de día se levanta, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo. 28La tierra por sí misma produce fruto: primero el tallo, luego la espiga, y después el grano en la espiga. 29En cuanto el grano madura, mete la hoz, porque ha llegado la cosecha. 30Dijo también: ¿Con qué compararemos el reino de Dios? ¿Con qué parábola lo explicaremos? 31Con una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra es la más pequeña de las semillas; 32después de sembrada crece y se hace más alta que las demás hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden anidar a su sombra. 33Con muchas parábolas como éstas les exponía la Palabra, conforme a lo que podían comprender. 34Sin parábolas no les exponía nada; pero aparte, a sus discípulos les explicaba todo.

Comentario

Los textos de este domingo nos anuncian, con especial pedagogía, que en este mundo está en marcha una construcción colectiva y una siembra de vida universal. Que hay un sembrador de vida nueva en el terreno de la historia. Que esta causa tan grande se lleva adelante con una metodología alternativa, la metodología de Dios. No la de los poderes del mundo. No desde la soberbia de los imperios sino desde lo pequeño, pero cargado de fuerza, como fermento que hace explotar la masa de la vida humana. Por eso en la primera lectura de Ezequiel se habla de un brote, de una ramita sembrada en la montaña de Sión y que crece para que los pueblos de la tierra construyan allí su morada, sus nidos humanos. Dios escoge un ramito insignificante y despreciado. Escoge a un pueblo pequeño, el pueblo de Israel, que sufre el cautiverio en Babilonia lejos de su patria, refugiado y explotado y escoge a todos los pueblos pequeños de la tierra para realizar sus maravillas como cantó María en su poema del Magníficat. Solo desde lo pequeño se puede construir un futuro abierto de vida.

Ezequiel está hablando al pueblo deportado a Babilonia, imperio que se convertirá en una torre sin terminar en medio del desierto. Dios quiere plantar de nuevo a su pueblo, a todos los pueblos humildes de la tierra; como nos recordará el salmo a la orilla del río de la vida para convertirlo en árbol frondoso. Desde la pequeñez de nuestro cuerpo desterrado pero que en su pequeñez lleva la semilla del Resucitado, como nos recordará Pablo.

A esta construcción en marcha, a esta siembra en el terreno de la historia humana Jesús la llama el reinado de Dios. Es semilla y como todas las semillas es pequeña. No es un Banco Mundial, no es un Pentágono con arsenal de armas, no es un poder político abarcador, es semilla. Como toda semilla alberga en su seno un futuro abierto. En la semilla está vivo el proyecto del amor y de la misericordia, Jesús mismo es esa semilla. Su proyecto de vida es sembrar la semilla del Reino y dejar a Dios Padre que siga su tarea. Jesús es el agricultor y es la semilla. Él es semilla y es el Sembrador, Evangelio vivo que sigue sembrado en la historia y ya está dando fruto. Está creciendo para que aniden en sus ramas los pobres de la tierra, los sin techo, los sin comida, los sin esperanza.

Nosotros somos también sembradores y semillas vivas si hemos encontrado este tesoro escondido en la historia que es el reinado de Dios. Sembrando esta semilla en lugares pequeños, con gente pequeña, cosecharemos grandes frutos.

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