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Evangelio del día y comentario – 13 de diciembre de 2020

Jn 1, 6-8.19-28: Entre ustedes hay uno que no conocen

3º de Adviento Lucía, mártir (304) Primera lectura: Is 61, 1-2a.10-11 Desbordo de gozo con el Señor Salmo responsorial: Interleccional Lc 1, 46-54 Segunda lectura: 1 Tes 5, 16-24 Quédense con lo bueno

Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, 7 que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. 8 Él no era la luz, sino un testigo de la luz. 19Éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle quién era. 20Él confesó y no negó; confesó que no era el Mesías. 21Le preguntaron: Entonces, ¿eres Elías? Respondió: No lo soy. ¿Eres el profeta? Respondió: No. 22Le dijeron: ¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a quienes nos enviaron; ¿qué dices de ti? 23Respondió: Yo soy la voz del que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor, según dice el profeta Isaías. 24Algunos de los enviados eran fariseos 25y volvieron a preguntarle: Si no eres el Mesías ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas? 26Juan les respondió: Yo bautizo con agua. Entre ustedes hay alguien a quien no conocen, 27que viene detrás de mí; y yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia. 28Esto sucedía en Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba.

Comentario

En la vida no se puede buscar si estamos dormidos o entretenidos en muchas preocupaciones. La búsqueda de Dios comienza por una actitud de escuchar a los testigos. Esta tercera semana de Adviento nos invita a ello por lo que, atiborrados de estímulos, necesitamos de nuevo detenernos y abrir bien los ojos y el corazón. Miramos en esta semana ya no a la última venida de Jesús sino su “próxima” venida. Juan Bautista, precursor del Señor, es la voz que da testimonio de la Palabra al ser interrogado y quien descubre a Jesús como luz. Juan nos invita a tener una actitud de gozo por la llegada del Salvador, gozo que brota del Espíritu.

El profeta Isaías nos presenta a un testigo desconocido y sin nombre que anuncia buenas noticias pues el Espíritu del Señor va a actuar pero lo va a realizar a través de la misión confiada a un ser humano que debe transformar la realidad por lo que será “el año de gracia del Señor”. Este “ungido” expresa su alegría comparada como un novio listo para la fiesta porque la salvación y la justicia están a punto de aparecer.

Pablo nos exhorta, como lo hizo con los habitantes de Tesalónica, a esperar la venida del Señor siendo exigentes con llevar una vida fiel y realizando personal y comunitariamente un discernimiento de la voluntad de Dios en medio de la vida de cada día. Debemos ser testigos alegres, en oración constante y agradecidos, orientando nuestras vidas hacia Dios, haciéndolo presente en todo tiempo y momento con y por la gracia del Espíritu.

El evangelio presta toda la atención al testimonio de Juan Bautista, testigo de la Luz. Su persona es una invitación a testimoniar el gozo que nos trae Jesús Salvador, abiertos a todas las iniciativas que construyan el Reino. Ser testigos de Jesús, como lo hizo Juan Bautista, nos convierte en testigos de la luz, nos exige ser continuadores de su obra. Esta semana se nos invita a desinstalarnos de nuestros caprichos, limpiar el corazón de egoísmos para ser testigos alegres de Jesús. Hoy somos invitados a poner la luz de Cristo en los ambientes en los que nos movemos. Para ello necesitamos encontrarnos con el Señor, en la oración, los sacramentos y en su Palabra para que nos comunique su gracia e ilumine nuestro propio camino. ¿Quién eres tú? ¿Eres testigo de la Luz?

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