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Evangelio del día y comentario – 13 de agosto de 2020

Mt 18, 21—19, 1: Perdona setenta veces siete

Mártires Claretianos de Barbastro (1936) Hipólito y Ponciano (235) Primera lectura: Ez 12, 1-12 Emigra a la luz del día Salmo responsorial: Sal 77, 56-57.58-59.61-62

Pedro le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces? 22Le contesta Jesús: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23… Un rey decidió ajustar cuentas con sus sirvientes. 24Ni bien comenzó, le presentaron uno que le adeudaba diez mil monedas de oro. 25Como no tenía con qué pagar, mandó el rey que vendieran a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones para pagar la deuda. 26El sirviente se arrodilló ante él suplicándole: ¡Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré! 27Compadecido de aquel sirviente, el rey lo dejó ir y le perdonó la deuda. 28Al salir, aquel sirviente tropezó con un compañero que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y mientras lo ahogaba le decía: ¡Págame lo que me debes! 29Cayendo a sus pies, el compañero le suplicaba: ¡Ten paciencia conmigo y te lo pagaré! 30Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel… Indignado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 35Así los tratará mi Padre del cielo si no perdonan de corazón a sus hermanos.

Comentario

La propuesta de Jesús rompe hasta con la ley natural. Al ser humano, desde su estructura natural, se le hace imposible experimentar el perdón. La ley del Talión “ojo por ojo, diente por diente” no es una ley exclusivamente judía, sino una ley que domina la conciencia natural de todo hombre y mujer en la historia, pertenezca a la cultura y religión que sea. Quien acoge la propuesta de Jesús, está invitado a asumir su antilógica y a abrazar su causa, rompiendo con la mezquindad de la naturaleza y dar pasos novedosos por la propuesta de humanidad que la Buena Nueva trae. Jesús pide que sus seguidores caminen por nuevas sendas, la del perdón, como una nueva propuesta más allá de la tacañería que enseñaba la religión de su tiempo. Para seguir a Jesús hay que ensanchar la mente y el corazón, para hacer vida su propuesta que lleva al discípulo más allá de los propios límites sociales, culturales, religiosos y morales y lo abre al amor y al perdón universal.

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