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Evangelio del día y comentario – 13 de agosto de 2019

Mt 18, 1-5.10.12-14: Cuidado con despreciar a los niños

Mártires Claretianos de Barbastro (1936) Hipólito y Ponciano (235) Primera Lectura: Dt 31, 1-8 Josué, sé fuerte y valiente Interleccional: Dt 32, 3-4a. 7-9. 12

En aquel tiempo los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más grande en el reino de los cielos? 2 Él llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos 3 y dijo: Les aseguro que si no se convierten y se hacen como los niños, no entrarán en el reino de los cielos. 4 El que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. 5 Y el que reciba en mi nombre a uno de estos niños a mí me recibe. 10Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños. Pues les digo que sus ángeles en el cielo contemplan continuamente el rostro de mi Padre del cielo. 12¿Qué les parece? Supongamos que un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una: ¿no dejará las noventa y nueve en el monte para ir a buscar la extraviada? 13Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve no extraviadas. 14Del mismo modo, el Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Comentario

La imagen del niño lo es tanto por su niñez como por su pequeñez. En tiempos de Jesús, los niños, las mujeres y los pobres eran importantes pero excluidos socialmente. Eran “pequeños” que no podían participar en las decisiones de los “grandes”. El mundo sigue hoy dominado por los “grandes” en poder, ambición, injusticia y violencia. Jesús propone un mundo desarrollado desde la pequeñez, desde el grano de mostaza que crece en ternura, solidaridad, justicia y paz. La pequeñez, por tanto, no es carencia de estatura o de madurez, es una actitud evangélica que procura despertar en la vida cristiana la preocupación permanente por las ovejas perdidas, por los hombres y mujeres olvidados y excluidos de nuestro mundo que necesitan un amigo, una voz, un abrazo solidario para volver a creer que un mundo nuevo y mejor todavía es posible. Hagamos lo imposible para que no se pierda ni uno solo de nuestros hermanos. Solo así podremos ser los más grandes en el Reino de los cielos y los mejores pastores en nuestras comunidades.

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