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Evangelio del día y comentario – 13 de abril de 2020

Mt 28, 8-15: Vayan a Galilea; allí me verán

En octava de Pascua Martín I, papa y mártir (655) Primera lectura: Hch 2, 14.22-23 Dios resucitó a Jesús Salmo responsorial: Sal 15, 1-2a.5.7-11

Las mujeres se alejaron rápidamente del sepulcro, llenas de miedo y gozo, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9 Jesús les salió al encuentro y les dijo: ¡Alégrense! Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y se postraron ante él. 10Jesús les dijo: No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, donde me verán. 11Mientras ellas caminaban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y contaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. 12Éstos se reunieron a deliberar con los ancianos y ofrecieron a los soldados una buena suma 13encargándoles: Digan que durante la noche, mientras ustedes dormían, llegaron los discípulos y robaron el cadáver. 14Si llega la noticia a oídos del gobernador, nosotros lo tranquilizaremos para que no los castigue. 15Ellos aceptaron el dinero y siguieron las instrucciones recibidas. Así se difundió ese cuento entre los judíos hasta el día de hoy

Comentario

La muerte no podía retenerlo, dice Pedro de Jesús, ajusticiado por hombres sin ley, y es que Dios había asegurado en las Escrituras que su ungido no conocería la corrupción, por eso lo rescató. Este es el núcleo del mensaje pascual que será repetido cada día de la Octava Pascual, para hacerlo propio. Por eso los comentarios de este tiempo estarán más centrados en la primera lectura. Es cierto que la muerte puede retener al creyente en la tumba e impedirle resucitar. La muerte tiende hilos largos y fuertes en la vida humana, capaces de sujetarla y robarle todo horizonte de autenticidad. Tradicionalmente se habla de la idolatría de la riqueza, del poder y del placer efímero, que son auténticos lazos de muerte, porque deshumanizan a la sociedad y niegan acceso a los valores del proyecto de Dios. Su palabra tiene la fuerza para librarnos de la muerte. Aunque en un plano diferente, sabemos que la corrupción es promovida “por hombres sin ley”, que favorecen sus propios intereses. ¿Vivimos retenidos por la corrupción y la muerte?

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