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Evangelio del día y comentario – 12 de septiembre de 2020

Lc 6, 43-49: ¿Por qué me llaman “Señor, Señor”?

Guido de Anderlecht (1012) Primera lectura: 1Cor 10, 14-22 Formamos un solo cuerpo Salmo responsorial: Sal 115, 12-13.17-18

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: No hay árbol sano que dé fruto podrido, ni árbol podrido que dé fruto sano. 44Cada árbol se reconoce por sus frutos. No se cosechan higos de los cardos ni se vendimian uvas de los espinos. 45El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro bueno del corazón; el malo saca lo malo de la maldad. Porque de la abundancia del corazón habla la boca. 46¿Por qué me llaman: ¡Señor, Señor!, si no hacen lo que les digo? 47Les voy a explicar a quién se parece el que acude a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica. 48Se parece a uno que iba a construir una casa: cavó, ahondó y colocó un cimiento sobre la roca. Vino una crecida, el caudal se precipitó contra la casa, pero no pudo sacudirla porque estaba bien construida. 49En cambio, el que escucha y no las pone en práctica se parece a uno que construyó la casa sobre la arena, sin cimiento. Se precipitó el caudal y la casa se derrumbó. Y fue una ruina colosal.

Comentario

Los árboles no dicen mentiras; sólo las personas. Hay un científico que enseñó a un chimpancé a usar el lenguaje. Un día supo que había hecho un gran avance: ¡el chimpancé mintió! Esa mentira mostró que el chimpancé ahora tenía la sensación de ser un yo separado; se apartó de la verdad; Él tenía un ego, como nosotros. El ego es la mentira fundamental. Somos las únicas criaturas que mentimos. Jesús enfrentó esta mentira fundamental en sus adversarios: El padre de ustedes es el Diablo y ustedes quieren cumplir los deseos de su padre. Él era homicida desde el principio; no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando dice mentiras, habla su lenguaje, porque es mentiroso y padre de la mentira. Pero a mí no me creen, porque les digo la verdad (Jn 8, 44-45). Estas palabras están dirigidas a mí mismo. Un día seremos completamente sinceros. Tal vez esa sea la atracción que tienen los árboles que son fieles al núcleo. Siéntate debajo de un árbol durante una hora y procura no mentir.

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