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Evangelio del día y comentario – 12 de septiembre de 2019

Lc 6, 27-36: Sean compasivos como su Padre

Guido de Anderlecht (1012) Primera lectura: Col 3, 12-17 Por encima de todo, el amor Salmo responsorial: Sal 150, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: A ustedes que me escuchan yo les digo: Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; 28bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian. 29Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica; 30da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames. 31Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. 32Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos. 33Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. 34Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto. 35Por el contrario amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados. 36Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes.

Comentario

Una vida sana y armoniosa depende en gran medida de las experiencias profundas que la persona vaya asimilando en su historia. Las experiencias negativas, dicen los psicólogos, producen ansiedad y encaminan a la negación defensiva y a la autodestrucción, cuando no se asimilan. Las positivas, en cambio, generan seguridad y afirman a la persona en el medio en el que se desarrollan. En el siglo primero, la mayoría de la población experimentaba un rechazo constante de parte de los estamentos sociales mejor posicionados por su riqueza, prestigio y poder. Había una hostilidad social que se notaba en la continua competencia entre los ciudadanos por acceder a los bienes, y por el honor de la propia clase social. Los grupos cristianos se volvieron atractivos porque disolvían las barreras usuales y promovían una solidaridad fraterna de subsistencia. Esto se percibe en la lectura de Colosenses que subraya la triple condición de los cristianos: elegidos de Dios, consagrados y amados. Son notas extraordinarias que motivan al cristiano hacia una experiencia positiva que le compense en plenitud de vida.

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