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Evangelio del día y comentario – 12 de julio de 2020

Mt 13, 1-23: Salió el sembrador a sembrar

15º Ordinario Luis Martin (1894) y Ma. Celia Guérin (1877) Primera lectura: Is 55, 10-11 La lluvia germina a la tierra Salmo responsorial: Sal 64, 10-14 Segunda lectura: Rom 8, 18-23 La creación aguarda a los Hijos de Dios

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. 2 Se reunió junto a él una gran multitud, así que él subió a una barca y se sentó, mientras la multitud estaba de pie en la orilla. 3 Les explicó muchas cosas con parábolas: Salió un sembrador a sembrar. 4 Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino, vinieron las aves y se las comieron. 5 Otras cayeron en terreno pedregoso con poca tierra. Al faltarles profundidad brotaron enseguida; 6 pero, al salir el sol se marchitaron, y como no tenían raíces se secaron. 7 Otras cayeron entre espinos: crecieron los espinos y las ahogaron. 8 Otras cayeron en tierra fértil y dieron fruto: unas ciento, otras sesenta, otras treinta. 9 El que tenga oídos que escuche. 10Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: ¿Por qué les hablas contando parábolas? 11Él les respondió: Porque a ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos, pero a ellos no se les concede… 16Dichosos en cambio los ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen. 17Les aseguro que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon…

Comentario

La liturgia de la palabra nos regala esta bella parábola donde Jesús nos muestra el rostro de Dios como el Sembrador incansable de las palabras del Reino. Lo hace de día y de noche. Siempre. Nos presenta la Palabra de Dios que está todo el tiempo sin cansarse sembrando semillas fértiles, palabras de vida en los más variados terrenos de la vida humana. El fracaso aparente de esa siembra constante forma parte de su método evangelizador. No busca cantidad sino calidad. No busca éxitos pastorales efímeros que sólo alegran superficialmente los sentimientos, pero se agotan ahí mismo sin producir vida. Derrocha sin cansancio en los más variados terrenos la siembra de su palabra. Para ello se afana en escoger terrenos apropiados para la siembra y nos invita a ser sembradores incansables de las palabras del reino. Esas son las palabras de ese mundo alternativo de justicia, paz y de inclusión de los marginados de la historia. No desprecia ningún terreno, pero escoge el rinconcito apropiado para que la palabra fructifique y cumpla su encargo como recuerda Isaías en la primera lectura. ¿Qué nos pasa a nosotros, gente de la Iglesia, que no acertamos ni con la calidad de la palabra que anunciamos ni con la búsqueda de los terrenos fértiles para esa maravillosa semilla?

Hemos empobrecido la Buena Noticia del Reino con palabras conformistas, aburridas, o nos predicamos a nosotros mismos, o predicamos un modelo de iglesia autorreferencial. Hemos aprisionado el Evangelio en fórmulas y teologías aburridas. Predicamos muchas palabras “religiosas” pero descuidamos el mensaje central de las bienaventuranzas. ¿Y qué terrenos hemos seleccionado para nuestras palabras? Nos hemos concentrado en los ámbitos eclesiales, rituales, morales y hemos descuidado sembrar las palabras del Evangelio en los movimientos sociales, en las nuevas generaciones, en el mundo digital, en el sufrimiento de migrantes y refugiados y en las periferias existenciales.

Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda que existe un terreno urgente, imprescindible para la siembra de la semilla del Reino y es nada menos que el colapso del planeta que sufre dolores de parto esperando otro trato a la casa común. La calidad de esta semilla no está produciendo frutos por su débil calidad y porque la estamos prodigando en terrenos agotados que no producen frutos. Nos toca inscribirnos en el movimiento actual de conversión pastoral y en la siembra de la palabra en los nuevos paradigmas renovando la calidad de la semilla y viviendo la vida alternativa que anuncia esa palabra. En síntesis: ser nosotros palabra viva.

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