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Evangelio del día y comentario – 12 de febrero de 2021

Mc 7, 31-37: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó de nuevo por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando la región de la Decápolis. 32Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que impusiera las manos sobre él. 33Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva; 34levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: Effatá, que significa ábrete. 35Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente. 36Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban. 37Llenos de asombro comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Reflexión

Jesús no fue un simple loco soñador, sino esa locura que Él mismo experimentó la hizo historia, la hizo realidad. Él mismo hace que toda su propuesta de Reino, de liberación, de vida plena llegue a los más pobres y marginados de su sociedad. Su acción liberadora llegó a los últimos. Todo el bien que Él anhelaba hacer, y que hizo tuvo en los oprimidos y marginados a los sujetos preferenciales de su acción. Jesús realiza la plena liberación de las víctimas de los sistemas de muerte que ensordecían a la sociedad. Jesús manifiesta su amor al buen Padre Dios, amando de manera incondicional a los hombres y mujeres y declarando para ellos, en especial sobre los últimos y excluidos, la vida en plenitud que Dios quiere para sus hijos e hijas. Jesús vive el amor pleno. En nombre de ese amor relativizó todas las tradiciones y vivió para devolverle la vida digna, liberando, a los que eran víctimas de los sistemas religiosos, políticos y sociales.

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