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Evangelio del día y comentario – 12 de agosto de 2019

Mt 17, 22-27: Lo matarán, pero resucitará

Juana Fca. de Chantal, fundadora (1641) Primera Lectura: Dt 10, 12-22 Amarán al forastero Salmo responsorial: Sal 147, 12-15. 19-20

Mientras paseaban juntos por Galilea, Jesús les dijo a sus discípulos: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres 23que le darán muerte. Pero al tercer día resucitará. Ellos se entristecieron profundamente. 24Cuando llegaron a Cafarnaún, los recaudadores de impuestos se acercaron a Pedro y le dijeron: ¿El maestro de ustedes no paga los impuestos? 25Pedro contestó: Sí. Cuando entró en casa, Jesús se le adelantó y le preguntó: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran impuestos?, ¿de los hijos o de los extraños? 26Contestó que de los extraños y Jesús le dijo: Eso quiere decir que los hijos quedan libres de pagar. 27Pero para no dar motivo de escándalo, ve al lago, echa un anzuelo y al primer pez que pique sácalo, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti.

Comentario

Este pasaje corresponde al “segundo anuncio de la pasión y resurrección de Jesús”. Las palabras del Maestro suscitan en los discípulos una tristeza profunda. Las autoridades de Israel intentan eliminar a Jesús no solo físicamente sino también en la conciencia de sus seguidores. Los discípulos todavía no entienden dos cosas. La primera, que la muerte de Jesús no es derrota que entristezca sino victoria resucitadora que alegra el cielo y la tierra. La segunda, no es Jesús quien se ausenta de nuestras vidas y nuestras comunidades, somos nosotros quienes lo apartamos de nuestra vida y del mundo que nos rodea. Jesús, fiel a su promesa, está tocando siempre las puertas de nuestro corazón: Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo. Ser motivo de escándalo para los demás es una de las actitudes que alejan a Jesús de nuestras vidas. Pidamos perdón por las veces que, con nuestra manera de ser y de actuar, reflejamos un cristianismo triste, inmerso en escándalos y con poco espacio para la acción de Dios en la historia.

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