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Evangelio del día y comentario – 11 de septiembre de 2019

Lc 6, 20-26: ¡Dichosos ustedes… Ay de ustedes!

Mártires Carmelitas (1792) Primera lectura: Col 3, 1-11 Han muerto con Cristo Salmo responsorial: Sal 144, 2-3. 10-13b

Dirigiendo la mirada a los discípulos, Jesús les decía: Felices los pobres, porque el reino de Dios les pertenece. 21Felices los que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Felices los que ahora lloran, porque reirán. 22Felices cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y desprecien su nombre a causa del Hijo del Hombre. 23Alégrense y llénense de gozo, porque el premio en el cielo es abundante. Del mismo modo los padres de ellos trataron a los profetas. 24Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen su consuelo!; 25¡ay de ustedes, los que ahora están saciados!, porque pasarán hambre; ¡ay de los que ahora ríen!, porque llorarán y harán duelo; 26¡ay de ustedes cuando todos los alaben! Del mismo modo los padres de ellos trataron a los falsos profetas.

Comentario

El consejo del autor de Colosenses puede tergiversarse en el sentido del dualismo maniqueo que ha afectado la comprensión cristiana durante muchos siglos, ya que todo lo material o terreno es malo y lo espiritual o celeste es lo único bueno. No podemos caer en ese garlito, que pretende que nos desentendamos del cuerpo para ocuparnos del alma. Este modo de entender las cosas no considera que la persona humana está integrada de ambas dimensiones: espiritual y material. Por lo mismo, en su integridad completa, el creyente busca su destino final “junto a Cristo”. El escritor busca que el creyente no permita que su vida esté dominada por las pasiones del alma. La pasión, en los términos del mundo helenista, era aquello opuesto a la inteligencia y a la razón; ella perturba la vida que ha de llevarse acorde a los ideales de la prudencia, fortaleza, templanza y la justicia, que es el resultado de la armonía de las tres primeras. El discípulo busca irse asemejando cada vez más a su Maestro.

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