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Evangelio del día y comentario – 11 de octubre de 2020

Mt 22, 1-14: A los que encuentren invítenlos a la boda

28º Ordinario Juan XXIII (1963) María Soledad Torres, fundadora (1887) Primera lectura: Is 25, 6-10a El Señor enjugará las lágrimas Salmo responsorial: Sal 22, 1-6 Segunda lectura: Flp 4, 12-14.19-20 Todo lo puedo en aquel que me conforta

Jesús tomó de nuevo la palabra y les habló usando parábolas. 2 El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. 3 Envió a sus sirvientes para llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron ir. 4 Entonces envió a otros sirvientes encargándoles que dijeran a los invitados: Tengo el banquete preparado, mis mejores animales ya han sido degollados y todo está a punto; vengan a la boda. 5 Pero ellos se desentendieron: uno se fue a su campo, el otro a su negocio; 6 otros agarraron a los sirvientes, los maltrataron y los mataron. 7 El rey se indignó y, enviando sus tropas, acabó con aquellos asesinos e incendió su ciudad. 8 Después dijo a sus sirvientes: El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no se lo merecían. 9 Vayan a los cruces de caminos y a cuantos encuentren invítenlos a la boda. 10Salieron los sirvientes a los caminos y reunieron a cuantos encontraron, malos y buenos. El salón se llenó de convidados. 11Cuando el rey entró para ver a los invitados, observe a uno que no llevaba traje apropiado. 12Le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado sin traje apropiado? Él enmudeció. 13Entonces el rey mandó a los guardias: Átenlo de pies y manos y échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 14Porque son muchos los invitados pero pocos los elegidos.

Comentario

Este domingo se nos recuerda que otra de las características del Reino de Dios, el proyecto de Jesús, es la de un banquete. El Reino es una invitación al banquete nupcial que el hombre puede rechazar o aceptar responsablemente. Una vez aceptada la invitación es necesario cumplir con las exigencias del Reino que es ponerse el traje de bodas.

El profeta Isaías muestra en este texto que vendrá un tiempo de renovación plena de la vida y es simbolizada en un banquete. Este texto suele usarse en nuestras celebraciones de difuntos precisamente para animar nuestra esperanza en la vida eterna donde enjugará las lágrimas pues la muerte será aniquilada para siempre. Todos los pueblos estarán convocados a participar de esta gran fiesta. Este texto hace presente la certeza del futuro de Dios.

Pablo se encuentra encarcelado y desde ahí sigue enseñando y acepta agradecido el regalo de la comunidad de Filipos. Podemos decir que “el traje apropiado” del que habla el evangelio es precisamente la caridad para con el necesitado y fomentar la unidad y la comunión en la comunidad.

Después del símbolo de la viña encontramos hoy otra imagen fundamental de la Biblia: la del banquete, signo de comunión, de diálogo y de intimidad. A este banquete está invitada toda la humanidad sin distinción, sin embargo la parábola nos muestra que el ser humano puede elegir libremente. Los primeros invitados rechazan la propuesta porque están preocupados por ellos mismos, sus negocios, sus intereses y su injusta violencia. Son incapaces de valorar la generosidad de la comida. Hoy recordamos el grande peligro que encierra el individualismo. En el fondo es el que se cierra en sí mismo. Cuando no respondemos a la llamada de Dios los más afectados somos nosotros y junto con nosotros las personas con las que convivimos a diario.

Acudir al banquete de amor es estar dispuesto a aprender y desear vivir en comunión, en la solidaridad y cercanía que nos da el amor. Esta es la exigencia del Reino, “el traje apropiado”, para no ser “echado fuera a las tinieblas”. Los cristianos pensamos que por ser llamados, invitados, ya somos escogidos y no es así. La llamada de Dios es para todos sin excepción pero la respuesta a esa llamada debe mostrarse con nuestro testimonio y buenas obras. ¿Cómo aceptas la invitación que Jesús te dirige? ¿Cuáles son tus excusas? ¿Cuentas con el traje apropiado?

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