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Evangelio del día y comentario – 11 de julio de 2021

Mc 6, 7-13: Sanaban a muchos enfermos

15º Ordinario Benito, fundador (517) Am 7, 12-15: Ve y profetiza Salmo 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación Efesios 1, 3-14: Nos eligió en la persona de Cristo

En aquel tiempo llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. 8 Les encargó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, 9 que calzaran sandalias pero que no llevaran dos túnicas. 10Les decía: Cuando entren en una casa, quédense allí hasta que se marchen. 11Si en un lugar no los reciben ni los escuchan, salgan de allí y sacudan el polvo de los pies como protesta contra ellos. 12Se fueron y predicaban que se arrepintieran; 13expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.

Comentario

Jesús envía a sus discípulos, de dos en dos, con un encargo misionero para que la misión sea lo que debe ser: la fuerza del Espíritu evangelizando y ofreciendo buenas noticias. Es un momento vocacional lleno de detalles importantes, no poner la confianza en las cosas materiales, no llevar nada para el camino, confianza en la Providencia que cuida de los suyos. Para quienes no lo reciben, una señal de protesta sacudir el polvo de los pies. Los discípulos salen gozosos y van realizando los signos de la misión, curaciones, echar demonios, pero especialmente los signos de conversión.

Con este evangelio, coinciden muchos, estamos siendo testigos de los primeros signos del nacimiento de la Iglesia. La dimensión misionera es esencial de la Iglesia, Dios Padre envía a Jesús y Él envía a los discípulos a anunciar el Reino. A ellos les tocará preparar el camino a Jesús que irá luego anunciando el Reino y sanando a los enfermos. La vida de la Iglesia es la misión, la vida de todo cristiano también debe ser misión, tanto si siente que su vocación es salir a predicar, como si se queda en su casa y barrio para realizar la obra de Dios.

Nos encontramos en la carta a los Efesios con este himno precioso e inspirador. Con él reconocemos la acción de Dios con sus cariños y bendiciones, somos amados, elegidos, bendecidos y puestos como testimonio al mundo de su liberación. En el contexto de la liturgia de hoy interesa fijarse en la marca misionera de esta elección de Dios.

Esto nos liga con la primera lectura del profeta Amos, también elegido y enviado por Dios para una misión en su pueblo. Él es arrancado de sus higos y ganados para ir a profetizar. Aun cuando es considerado un profeta marginal, afuera de la ley y de los profetas oficiales del templo y el santuario, por eso lo recrimina Amasías, tiene en su defensa, la llamada de Dios, el saberse elegido y enviado a anunciar una palabra diferente y nueva, una denuncia contra los infieles al proyecto de Dios que están en el mismo servicio del santuario. Ha sido llamado y elegido, no es por su propia voluntad, si fuera por él nunca habría elegido ser profeta; esto le da un tinte más carismático a su identidad profética.

A veces somos demasiado institucionalizados y formales con lo establecido, tendríamos que estar más abiertos a la Buena Nueva, venga de quien venga, aunque no sea un profesor de universidad sino un cultivador de frijoles. ¿Cómo está mi disposición a la misión en el anuncio del Reino? ¿Cuál es mi vocación y cómo la vivo hoy?

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