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Evangelio del día y comentario – 11 de julio de 2020

Mt 10, 24-33: No teman a los que matan el cuerpo

Benito, fundador (517) Primera lectura: Is 6, 1-8 He visto con mis ojos al Rey Salmo responsorial: Sal 92, 1ab.1c-2.5

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: No está el discípulo por encima del maestro ni el sirviente por encima de su señor. 25Al discípulo le basta ser como su maestro y al sirviente como su señor. Si al dueño de casa lo han llamado Belcebú, ¡cuánto más a los miembros de su casa! 26Por tanto no les tengan miedo. No hay nada encubierto que no se descubra, ni escondido que no se divulgue. 27Lo que les digo de noche díganlo en pleno día; lo que escuchen al oído grítenlo desde los techos. 28No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma; teman más bien al que puede arrojar cuerpo y alma en el infierno. 29¿No se venden dos gorriones por unas monedas? Sin embargo ni uno de ellos cae a tierra sin permiso del Padre de ustedes. 30En cuanto a ustedes, hasta los pelos de su cabeza están contados. 31Por tanto, no les tengan miedo, que ustedes valen más que muchos gorriones. 32Al que me reconozca ante los hombres yo lo reconoceré ante mi Padre del cielo. 33Pero el que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

Comentario

Jesús prepara a sus seguidores a superar el miedo porque este paraliza, bloquea el mensaje y de esta manera se convierte el mensajero en un evangelizador inútil. Nos pide ser valientes, nos pide proclamar desde los techos. Hoy diríamos que desde todas las plataformas tecnológicas posibles y con el testimonio de la vida. Con tristeza afirmamos que lo contrario a este mensaje de Jesús contra el miedo del evangelizador es precisamente eso mismo lo que hemos originado en la historia de la evangelización cuando hemos provocado los miedos en el pueblo de Dios, cuando hemos anunciado a un Dios de castigos que lleva cuenta de todos nuestros actos para luego pedirnos cuentas. En nuestros confesionarios y en las direcciones espirituales los sacerdotes hemos provocado el miedo en la gente sencilla. No es ese precisamente el miedo del que habla Jesús en el evangelio de hoy: si no todo lo contrario. Es el miedo a las persecuciones por haber anunciado la verdad y la justicia.

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