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Evangelio del día y comentario – 11 de enero de 2020

Lc 5, 12-16: Jesús lo curó de lepra

Teodosio (529) 11 Primera lectura: 1Jn 5, 5-13 El espíritu, el agua y la sangre Salmo responsorial: Sal 147, 12-15.19-20

Mientras Jesús se encontraba en un pueblo se presentó un leproso; el cual, viendo a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicaba: Señor, si quieres, puedes sanarme. 13Extendió la mano y le tocó, diciendo: Lo quiero, queda sano. Al instante se le fue la lepra. 14Y Jesús le ordenó: No se lo digas a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu sanación establecida por Moisés. 15Su fama se difundía, de suerte que una gran multitud acudía a escucharlo y a sanarse de sus enfermedades. 16Pero él se retiraba a lugares solitarios a orar.

Comentario

¿Qué hará Jesús con los últimos, con los desechables de la historia?, ¿Qué harán los desechables al ver a Jesús? Aquí vemos a un leproso, a uno de los últimos que rompe el esquema de la sociedad y de la religión y se acerca a Jesús que está en un pueblo. Los leprosos no deben acercarse a la gente y menos en un pueblo. Vemos a Jesús haciendo la terapia de Dios Padre, la “cariño-terapia” tocando, acariciando la carne sufriente, carne de un leproso, considerada impura ante el templo. Las manos de Jesús son las manos de el Dios compasivo que nos acaricia y nos cura. Vemos que el leproso es educado con Jesús: si quieres, le dice, puedes sanarme. No lo exige, lo suplica. Doble curación la de este excluido: su piel está sana y su pertenencia a la comunidad está restablecida. El templo tiene que darse cuenta y hacer el acta confirmando que está sano y de que es un miembro de la comunidad.

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