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Evangelio del día y comentario – 11 de agosto de 2019

Lc 12, 32-48: Dichoso el siervo que está preparado

19o Ordinario Clara de Asís (1253) Primera Lectura: Sab 18, 6-9 Nos honrabas llamándonos a ti Salmo responsorial: Sal 32, 1. 12. 18-20. 22 Segunda lectura: Heb 11, 1-2.8-19 La fe, seguridad de lo que se espera

Dijo Jesús a sus discípulos: No temas, pequeño rebaño, que el Padre de ustedes ha decidido darles el reino. 33Vendan sus bienes y den limosna. Consigan bolsas que no se rompan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla. 34Porque donde está el tesoro de ustedes, allí también estará su corazón. 35Tengan la ropa puesta y las lámparas encendidas. 36Sean como aquellos que esperan que el amo vuelva de una boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. 37Dichosos los sirvientes a quienes el amo, al llegar, los encuentre despiertos: les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentarse a la mesa y les irá sirviendo. 38Y si llega a media noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. 39Entiendan bien esto, si el dueño de casa supiera a qué hora iba a llegar el ladrón, no le dejaría abrir un boquete en su casa. 40Ustedes también estén preparados, porque cuando menos lo piensen llegará el Hijo del Hombre…

Comentario

Tres claves de reflexión nos proponen las lecturas de hoy: memoria, fe y vigilancia. El texto de la Sabiduría hace memoria de la noche pascual en la que Dios liberó a su pueblo de todas las esclavitudes. Los Sabios de Israel hacen memoria del pasado para que las nuevas generaciones no olviden nunca estar del lado de Dios, que es lado de la resistencia, la solidaridad y la esperanza en tiempos difíciles.

La segunda lectura tiene como trasfondo la preocupación del autor por la crisis de fe que viven sus comunidades. Para animarlas, recuerda la fe inquebrantable y sacrificada de las grandes figuras de la historia de la salvación. Pero ahora hay una motivación mayor, Jesús de Nazaret. Durante siglos, la Iglesia enseñó que la fe es “creer en lo que no vemos porque Dios lo ha revelado”. Hoy decimos mejor, fe es “adhesión a Jesús”. El sentido de nuestra fe es Jesús, el alimento de nuestra fe es la Palabra y la razón de nuestra fe es el servicio a los demás.

El evangelio de Lucas tiene como tema central el peligro de la riqueza y la espera vigilante. Los primeros cristianos creían que la segunda venida del Señor era inminente. El tiempo pasaba y nada sucedía. Los dirigentes de las comunidades comienzan a decir que “nadie sabe el día ni la hora”, razón por la que hay que estar despiertos y preparados, con las lámparas encendidas y con buena reserva de aceite, también con la “ropa puesta” para no perder tiempo y estar listos al momento de la llegada del Señor. Estar vigilantes y preparados significa, en primer lugar, dejar de angustiarnos por el fin del mundo y preocuparnos mejor en no dejarnos seducir por la riqueza y el poder. Renunciar a la idolatría del dinero y a la ambición de acumular. Recordar que de los bienes que poseemos somos administradores, no propietarios y, como administradores, debemos servir sin abusos ni egoísmos. En segundo lugar, cultivar la capacidad de servicio, dispuestos siempre a dar la vida por la causa del Reino. Solo así, podrá entrar en nuestras vidas la riqueza de Dios, que crece solo con los tesoros de la solidaridad, la misericordia, la compasión, la justicia, la paz militar y social…

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