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Evangelio del día y comentario – 11 de abril de 2021

Jn 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús

2o Domingo de Pascua Estanislao (1079) Hch 4, 32-35: Vivían unidos Salmo 117: Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia 1Jn 5, 1-6: El que nace de Dios vence al mundo

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: La paz esté con ustedes. 20Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. 21Jesús repitió: La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes. 22Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. 23A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos. 24Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Él replicó: Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré. 26A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: La paz esté con ustedes. 27Después dice a Tomás: Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. 28Le contestó Tomás: Señor mío y Dios mío. 29Le dice Jesús: Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto. 30Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro. 31Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.

Comentario

Atardecer, encerramiento, miedo… son los sentimientos que embargan el corazón de aquellos hombres (¡y mujeres!) después del doloroso episodio del calvario. La tarde es presagio de oscuridad. Pronto llegará la noche, la tiniebla, el lugar de la confusión y la incertidumbre. Normalmente en nuestros caseríos y aldeas cuando comienza a caer la tarde las personas se suelen encerrar en sus casas para resguardarse del peligro. Probablemente los caseríos de Nazaret y las afueras de Jerusalén no escapan a esta realidad. Pero el encerramiento que narra el evangelista no es solo de orden físico. Es el encerramiento del alma que se constriñe ante la confusión amarga que ha generado la muerte cruel del maestro. Igualmente, la proximidad de la noche genera miedo, y el encerramiento es la forma de protegerse del peligro que causa el miedo en el corazón del discípulo. Podríamos decir que la tristeza, la desazón, el terror, la inseguridad y la desconfianza son los oscuros nubarrones que inundan el corazón de aquellos que lo dejaron todo para seguir al Nazareno en la aventura del Reino de la vida.

El autor del cuarto evangelio llama la atención al lector para que caiga en cuenta de la situación de muerte que rodea a los discípulos. Es una escena ambientada para comprender luego el contraste de la siguiente narración. De repente el escenario cambia de color, todo se ilumina ante la presencia viva del Resucitado. Paz, vida, perdón, misión, Espíritu… son las palabras que ahora ocupan el lugar del miedo, la duda y la incertidumbre. Ahora la tristeza se convierte en alegría, la duda en certeza, el medio en fortaleza, el desconsuelo en esperanza. Son evidentemente los “signos sensibles” (sacramentales) de la presencia resucitada y renovadora de Jesús en medio de la comunidad discipular. Solo faltaba uno, Tomás. La duda y la perplejidad no le permiten comprender la experiencia maravillosa que sus compañeros de aventura le están contando.

Es imposible alcanzar a asimilar de buenas a primeras semejante noticia. Pero nuevamente el encuentro con el Maestro Vivo le permite a Tomás confesar desde lo hondo de su ser el señorío y la divinidad de su Señor. En los discípulos y en Tomás nos encontramos representados todos nosotros. Al comienzo, incertidumbre y miedo, oscuridad y duda; pero luego una alegría, una paz y una reconciliación que nos lanza a la misión. La presencia misteriosa y a la vez evidente del Resucitado se convierte en dinamismo misionero. ¿Alguna vez has tenido experiencias de oscuridad, duda, miedo? ¿Cómo las has afrontado? ¿Cómo ayudar a quienes les cuesta descubrir la presencia viva de Jesús en su vida? Compartir experiencias de resurrección en grupo.

1 comentario en “Evangelio del día y comentario – 11 de abril de 2021

  1. Que La Paz que solo da el Señor nos llene para trasmitir la a nuestros familiares, vecinos, amigos con quienes interactuamos. Eso es oler a Cristo. Si tenemos a Cristo en nuestro corazón el miedo desaparece.

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