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Evangelio del día y comentario – 11 de abril de 2020

Mt 28, 1-107: Avisen a mis hermanos que vayan a Galilea

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA Primera lectura: Gn 1, 1–2, 2 Dios vio lo que había hecho Salmo responsorial: Sal 32, 4.7.12-13.20.22 Segunda lectura: Rom 6, 3-11 Cristo, ya no muere

1 Pasado el sábado, al despuntar el alba del primer día de la semana, fue María Magdalena con la otra María a examinar el sepulcro. 2 De repente se produjo un fuerte temblor: Un ángel del Señor bajó del cielo, llegó e hizo rodar la piedra y se sentó encima. 3 Su aspecto era como el de un relámpago y su vestido blanco como la nieve. 4 Los de la guardia se pusieron a temblar de miedo y quedaron como muertos. 5 El ángel dijo a las mujeres: Ustedes no teman. Sé que buscan a Jesús, el crucificado. 6 No está aquí; ha resucitado como había dicho. Acérquense a ver el lugar donde yacía. 7 Después vayan corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado y que irá por delante a Galilea; allí lo verán. Éste es mi mensaje. 8 Se alejaron rápidamente del sepulcro, llenas de miedo y gozo, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9 Jesús les salió al encuentro y les dijo: ¡Alégrense! Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y se postraron ante él. 10Jesús les dijo: No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, donde me verán.

Comentario

Las mujeres han inaugurado el día más largo de la historia. Ellas están en el corazón del día más glorioso que la humanidad ha conocido. Cristo ha sido resucitado por el Padre. Dios ha rehabilitado al injustamente asesinado y en su resurrección, han sido justificadas todas las víctimas de la historia. Hoy, después de un silencio, reverencial y solemne, la Iglesia cantará el gloria y se unirá al cántico de los hombres y mujeres de buena voluntad, que esperan que algo nuevo suceda en la humanidad. Lo más importante es recordar que en este primer canto de gloria, cuando todo comenzó a ser “novedad total” por la Resurrección, fueron las mujeres las portadoras de la alegre y gozosa noticia de que el Crucificado estaba vivo. Fueron mujeres con nombres y apellidos; mujeres reales y no hombres, las que experimentan de primera mano cómo Dios coloca en marcha la nueva humanidad. Ellas anuncian al mundo la verdad de Dios. Ellas se hacen portavoces del acontecimiento que cambió, para siempre, el curso de la historia: la Resurrección.

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