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Evangelio del día y comentario – 10 de septiembre de 2020

Lc 6, 27-38: Sean compasivos como su Padre

Nicolás de Tolentino (1305) Primera lectura: 1Cor 8, 1b-7.11-13 Pecan contra Cristo Salmo responsorial: Sal 138, 1-3.13-14b.23-24

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: A ustedes que me escuchan yo les digo: Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; 28bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian. 29Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica; 30da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames. 31Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. 32Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos. 33Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. 34Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto. 35Por el contrario amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados. 36Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. 37No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. 38Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos.

Comentario

Lucas describe la experiencia de quien ha escuchado los valores del Reino y los hace sentimientos propios. Los discípulos están escuchando cosas inauditas que retan su escala de valores morales, legales y religiosos, escuchan un mandato imperativo que les hace reflexionar en su propia experiencia de vida cuestionando una cultura y una manera de plantarse ante el mundo. El Evangelio los invita a esa experiencia personal de ponerse en el lugar del otro para esperar lo que ellos mismos pudieran esperar de los demás, recordando un criterio básico: “trata a los demás como quieres que ellos te traten”. Jesús no es un estoico que se refugia en la tolerancia de los demás, sino ante todo lanza un imperativo con palabras llenas de caridad: “oren por ellos y ámenlos”. No solo se trata de no responder mal por mal, sino orar por aquellos que nos han lastimado. Ante la violencia mundial, ¿qué mecanismos de reconciliación y misericordia generamos en nuestras comunidades parroquiales?

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