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Evangelio del día y comentario – 10 de enero de 2021

Mc 1, 7-11: Tú eres mi Hijo querido

Bautismo del Señor Ana de los Ángeles Monteagudo (1686) Is 55, 1-11: Vengan a tomar agua; escuchen y vivirán Sal Is 12, 2-4bcd.5-6: Sacarán agua con alegría 1Jn 5, 1-9: El Espíritu, el agua y la sangre

En aquel tiempo proclamaba Juan: 7 Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno de agacharme para soltarle la correa de sus sandalias. 8 Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo. 9 En aquel tiempo vino Jesús de Nazaret de Galilea y se hizo bautizar por Juan en el Jordán. 10En cuanto salió del agua, vio el cielo abierto y al Espíritu bajando sobre él como una paloma. 11Se oyó una voz del cielo que dijo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto.

Comentario

La religión en tiempo de Jesús parece que no provocaba cambios en la vida de las personas. La gente estaba inmersa en un sinnúmero de prácticas religiosas: ritos de purificación, sacrificios, etc., que se relacionaban más con la superstición y la magia, con costos económicos altísimos, pero que no lograba la transformación de las personas, el cambio de vida. Es en este ambiente, de una religión envejecida, donde hay que analizar la figura de Juan el Bautista, quien viene del desierto anunciando la urgente necesidad de cambiar de vida, de colocar orden a la existencia, de iniciar por el camino de la transformación, primero con el arrepentimiento y de inmediato con la enmienda.

Jesús entra en relación con Juan, en cuanto detecta también que la religión, en vez de hacer mejores a las personas, las vuelve falsas, hipócritas, inmisericordes. Una característica común que comparten Juan y Jesús: los dos son laicos descontentos del sistema social y religioso de su tiempo. No pertenecen al gremio sacerdotal, no son funcionarios del estamento religioso. Esto será clave para entenderlos y para saber que la pagarán, cada uno en su momento, con la propia vida.

Juan el Bautista fue un portentoso predicador que llegó, con su estilo de vida y con su palabra, a tocar la conciencia de los judíos de aquel tiempo. Aquellos tiempos, eran tiempos abiertamente apocalípticos y marcados por la idea de que el fin era inminente. Juan predica la urgente necesidad de cambiar de vida desde la intimidad de la conciencia para volver a Dios. Jesús mismo está de acuerdo con Juan, ya que también Él es un convencido de la necesidad de entrar en una nueva lógica, en un nuevo dinamismo y para que eso suceda era necesario transformar la vida desde dentro. Jesús se solidariza con la humanidad y va hasta donde Juan para decir que él, como ser humano, también se coloca por entero de parte de Dios y de su proyecto.

Celebrar el bautismo de Jesús es confesar que Jesús entró en la humanidad de manera real y concreta. En días pasados celebrábamos el misterio de la encarnación. Decíamos que Dios se había hecho hombre. Hoy al celebrar el bautismo, estamos ratificando la confesión del día de la Navidad. Jesús asumió la humanidad con todas sus consecuencias y fue solidario con el género humano, exigiéndose a sí mismo lo que exigía a todos los hijos e hijas de Abrahán. Por ello Jesús busca a Juan y se deja bautizar por él, ya que en la profundidad de su ser Jesús está convencido de que es necesario comenzar a transitar un nuevo camino, de más altura ética, de mayor exigencia humana y de profunda transformación, para hacer de la historia una experiencia novedosa, según el corazón de Dios.

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