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Evangelio del día y comentario – 10 de agosto de 2020

Jn 12, 24-26: A quien me sirva, el Padre lo premiará

Lorenzo, mártir (258) Primera lectura: 2Cor 9, 6-10 Dios ama al que da con alegría Salmo responsorial: Sal 111, 1-2.5-9

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 25El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. 26El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor; si uno me sirve, lo honrará el Padre.

Comentario

La cruz es el lugar máximo de la revelación en el cristianismo. Con el símbolo de la cruz la teología cristiana original ha querido presentar a Dios de una manera diferente a como se ha hecho tradicionalmente en todas las fenomenologías religiosas. Pero la historia cristiana, envuelta en todo el modelo paradigmático occidental, se fue cerrando y no pudo captar que Dios se revela en la debilidad de un Crucificado, por ello la Iglesia se esforzó para presentar a Dios desde el poder y no desde la debilidad. Hoy el relato evangélico recuerda que Dios asumió la debilidad humana para revelar el misterio de su propia vida. Jesús con un ejemplo, lo más natural y común de su época, aclara que Dios no funciona en la lógica donde lo ha metido la religión; proclama que Dios es simple, sencillo. Esa es la gran propuesta de Jesús. Aceptar que Dios actúa en la debilidad y que es la debilidad de la cruz, el amor, quien cambiará la historia, es ser genuino discípulo de Jesús.

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